AFP / Redacción Internacional

La administración local de Palma de Mallorca y Barcelona no otorgarán licencias para nuevos hoteles. Aunque el turismo contribuye al crecimiento económico de España, la afluencia masiva de turistas ha causado tensiones sociales.

El ayuntamiento de Palma de Mallorca, popular destino turístico en el archipiélago español de Baleares, aprobó este martes suspender por un año el otorgamiento de nuevas licencias para hoteles en su centro histórico, para "aliviar la presión turística".

"Somos una ciudad de éxito que no debe morir de éxito", expresó en un comunicado el alcalde izquierdista de Palma, Antoni Noguera.

En España, tercer destino a nivel mundial con más de 75 millones de turistas en 2016, ya Barcelona, la ciudad más visitada del país, impuso en enero pasado la prohibición total a nuevos hoteles en el centro urbano, luego de haber suspendido la concesión de licencias desde 2015, ante la saturación turística.

En Palma, la medida implica una moratoria por un año a la aprobación de licencias urbanísticas para uso turístico en el centro histórico y otros barrios de la ciudad.

"El objetivo es aliviar la presión turística para buscar el equilibrio urbano y la diversificación, garantizar el acceso a la vivienda, el equilibrio entre el bienestar de los vecinos y vecinas de Palma y la actividad económica que genere riqueza y empleo", indicó el ayuntamiento.

"Tenemos que repensar el modelo turístico para que sea sostenible", dijo el concejal de Urbanismo y Vivienda Digna de Palma, José Hila.

Actualmente hay en estudio 63 nuevas licencias, que de aprobarse llevará a más de 100 el número de hoteles, lo que "supone duplicar la oferta existente actualmente en el centro histórico", explicó el ayuntamiento.

Las licencias ya solicitadas no se verán afectadas por la moratoria, que comienza a regir desde este martes.

La isla de Mallorca (este), con un millón de habitantes, es uno de los destinos turísticos más visitados de España, muy frecuentado por alemanes e ingleses. El 80% de su economía depende del turismo.

Este mismo martes se dio a conocer que, a partir de 2018, Barcelona empezará a cobrar un impuesto a los turistas que llegan a la ciudad y no se quedan en ella. La idea es que los cerca de trece millones de turistas que llegan pasan por la ciudad sin dormir en ella le dejen ingresos a la ciudad. La idea es regular “el turismo que satura y desgasta la ciudad, pero en cambio no aporta nada significativo”, dijo el republicano Alfred Bosch, del gobierno local catalán.

Las medidas para regular el impacto de los turistas se han vuelto cada vez más relevantes con los brotes de lo que los medios españoles han llamado “turismofobia”. Hace poco, las ciudades de Barcelona amanecieron con grafitis ofensivos en contra de los visitantes.

Según la BBC, parte del boom turístico de Barcelona se debe a los precios bajos en los tiquetes aéreos, pero también a las plataformas de alquileres vacacionales. “Han doblado la capacidad de alojamiento de la ciudad”, dijo para el medio británico Emilio Gallego Xuazo, secretario de la Federación Española de Hostelería. Una de las consecunecias del turismo desmedido es el incremento en los costos de vida para los locales. "Pagamos alquileres del norte de Europa con sueldos del sur" le dijo un ciudadano catalán al medio británcio. 

Fuente: El Espectador

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