Han transcurrido cuarenta años de la firma de los Tratados Torrijos-Carter y tenemos sobrados motivos para celebrar jubilosamente este trascendental acontecimiento para Panamá y el mundo. De los dos Tratados, el del Canal expiró el 31 de diciembre de 1999, al mediodía hora de Panamá; mientras que el otro, el referente al Tratado concerniente a la Neutralidad Permanente del Canal y al Funcionamiento del Canal de Panamá, aún está vigente.

No es dable decir, como el tango argentino, que 40 años no es nada. Para los panameños el tiempo transcurrido tuvo y tiene un significado especial.

UNA ETAPA

Llegar al 7 de septiembre de 1977 constituyó una etapa de la lucha epopéyica de los panameños. Fue producto de un largo proceso en el que distintas generaciones de patriotas abonaron, hasta con su sangre e inmolación, en cada circunstancia a esa gran conquista. Al general Omar Torrijos Herrera le gustaba decir que se trataba del alpinismo generacional.

Algunos han pretendido ocultarse en un falso oportunismo induciendo a pensar que todos los panameños estábamos y luchábamos por la descolonización y, que cuando nos referimos a la lucha generacional, esto automáticamente involucra a la totalidad de la sociedad panameña.

Obviamente esto no es cierto. Desde siempre los hay y los habrá quienes afirmen que la soberanía no se come y que es una utopía enfrentar a una potencia imperial como lo es los Estados Unidos de América.

Para alcanzar nuestros objetivos de independencia y soberanía fue necesario desplegar una permanente lucha. Ésta se alumbró con los aportes de quienes desde mediados del siglo XIX distinguieron la especificidad del istmo de Panamá.

El doctor Justo Arosemena alertó sobre los peligros que representaba el expansionismo estadounidense y en abril de 1856 lo corroboramos con el Incidente de la Tajada de Sandía.

Este pequeño país y su escasa población resistió cada acto de humillación y negación de los valores que sustentan a la nación panameña.

Rechazamos ayer los diversos intentos de vender al istmo de Panamá y la ocupación de su territorio por fuerzas militares extranjeras e incluso la instalación de instituciones racistas como el ‘Silver y el Gold Roll'.

El 7 de septiembre de 1977, además de ser la suma de los aportes de los patriotas panameños, es también producto de la gran solidaridad internacional que supimos convocar y ganarnos. La eclosión nacionalista del 9 al 12 de enero de 1964 provocó el inicio de un proceso negociador con los Estados Unidos de América, con el propósito de eliminar las causas de conflicto en las relaciones de ambos países y concluir con un tratado justo y equitativo para ambas partes.

BURLA AL SACRIFICO POPULAR

Lamentablemente, los grupos económicos y políticos hegemónicos de Panamá dejaron a un lado la reivindicación de la soberanía panameña y terminaron negociando tres Tratados, en junio de 1967. Esos Tratados no resolvían la recuperación del territorio cedido a perpetuidad; el desmantelamiento de las bases militares y mayores beneficios económicos por la explotación de nuestra posición geográfica. Sencillamente, le cambiaron el ropaje a la presencia colonial y la adornaron con ilusorios adjetivos.

La llamada Zona del Canal, las cinco millas a ambos lados se conocería como Área del Canal donde seguirían funcionando las leyes, los tribunales, cárceles y policías establecidos por los Estados Unidos de América. Con respecto a las bases militares, recurren a la artimaña y en cada uno de los tres tratados introducen una fecha de cierre distinta.

Al final concluyen que su presencia militar dependerá de un tratado distinto a los tres ya pactados. Así, no serían desmanteladas el 31 de diciembre de 1999 y tampoco en el 2067, cuando expiraban los respectivos tratados.

Fue un militar, el general Omar Torrijos Herrera, quien supo recoger las banderas anticolonialistas y cuyos portaestandartes son, fundamentalmente, los de abajo, los que siempre enfrentaron decididamente las instituciones colonialistas que se implantaron a perpetuidad en Panamá. Con él se construye un proyecto de liberación nacional y ante el desprestigio de los partidos políticos locales tradicionales, se esforzó por construir una sólida base con la incorporación de diversas fuerzas, corrientes y personalidades panameñas.

Como jefe de la Guardia Nacional, también entendió que tenía que construir confianza para superar los viejos prejuicios y animadversión originados por la función represiva de los militares panameños. Por esa razón, la suma de voluntades tenía que superar las coyunturales diferencias, las descalificaciones, las exclusiones y, por qué no decirlo, las persecuciones.

No era tarea fácil. Cómo olvidar a los que perdieron la vida o fueron encarcelados por aspirar a una sociedad más humana y solidaria. O nos quedábamos en las mutuas recriminaciones o, entendiendo el momento coyuntural y sin olvidar los agravios, nos uníamos y nos sumábamos a la proeza de caminar juntos para forjar los cambios sociales que fortalecieran el gran objetivo de liberar a la patria.

POLÍTICA EXTERIOR COHERENTE Y NACIONALISTA

En el campo internacional, como genial estratega el general Torrijos logró ganarse la simpatía y el apoyo de importantes sectores y personalidades para la causa panameña.

Las sesiones, fuera de su sede, del Consejo de Seguridad de la ONU, en Panamá en 1973, permitieron que la opinión pública internacional condenara la obstinación estadounidense por seguir ocupando una parte del territorio y negándole el legítimo derecho a Panamá, de usufructuar la explotación de su posición geográfica.

Ayudó mucho la nueva correlación de fuerzas que a nivel internacional destruía las viejas estructuras colonialistas en continentes como África, Asia y en América Latina.

Un aporte significativo fue la derrota militar infringida por los vietnamitas a los Estados Unidos. Esa derrota y la corrupción del gobierno del presidente estadounidense Richard Nixon abrió las posibilidades al presidente Jimmy Carter a ensayar una nueva política que, en el caso de Panamá, sirvió para eliminar el tratado de 1903 y sus cláusulas a perpetuidad. LOS

CONSERVADORES DE ESTADOS UNIDOS

No obstante, al recobrar las fuerzas ultraconservadoras el gobierno en los Estados Unidos nos pasan la factura. El presidente Carter y los senadores que nos apoyaron no pudieron reelegirse. Y en Panamá, hay sobradas sospechas para afirmar que la desaparición física del general Torrijos el 31 de julio de 1981, fue planificada.

Desde septiembre de 1977, los panameños tuvimos que transitar por escabrosos momentos, incluso sufrir las consecuencias de una masiva invasión militar por parte de los Estados Unidos de América. Con todo ello, no pudieron las fuerzas al servicio del colonialismo torcer la voluntad de ser soberanos.

Quedan cuatro tareas pendientes: una es el cumplimiento de lo pactado con el pueblo panameño; es decir, el uso más colectivo de las riquezas provenientes del Canal de Panamá. Dos, la ejecución de una política exterior soberana y que respete la neutralidad, de manera tal que el canal sirva a la paz y al servicio de la nación panameña. Tres, lo anterior implica consensuar un proyecto de nación. Y cuatro, la patria panameña agradecida le debe el merecido homenaje a los dos hombres que supieron resolver, mediante negociaciones, el respeto a la soberanía panameña.

Fuente: laestrella.com.pa

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