¿Mandas mensajes de WhatsApp a las tres de la mañana? ¿Envías chistes y cadenas a tus listas de contactos?

Si bien no existe un manual de modales virtuales, hay algo que se llama sentido común. Y tiene que ver con un uso de la tecnología.

Cuando nosotros -los de más de 40- éramos adolescentes, se nos enseñaba a tener conductas como esta: no llamar a casas de familia antes de las nueve de la mañana y después de las diez de la noche, no abrir placares ni heladeras en casa ajena, etc. Existían convenciones sociales que funcionaban como límites y parámetros en nuestra vida de relación. Esto hacía que, si el teléfono sonaba a la medianoche, asumiéramos que se trataba de una emergencia.

La vorágine tecnológica puede llevarnos al desconcierto. Y hemos de estar atentos porque, en el afán de querer estar en todos lados simultáneamente, podemos llegar a caer en actitudes groseras.

Estos son algunos ejemplos:

1. WhatsApp

Cierto es que quien no quiere recibir notificaciones puede silenciarlas. También es cierto que uno es dueño de mantener sus vías de comunicación disponibles a toda hora por las razones que sean. Así como uno no tocaría el timbre en casa de un amigo a la una de la mañana -salvo que esté habilitado a ello-, la lógica indica que los mensajes –salvo urgencias– deberían tener un horario prudencial. Si estás en el grupo de compañeros del primario, la idea es compartir vivencias, recuerdos y organizar reuniones, entre otras cuestiones. Promover discusiones políticas allí en es una forma de interferir en el espíritu del mismo.

Si le escribes a alguien para preguntarle si puede hablar y no te responde, quizás esté en el baño, en reunión, haciendo el amor o simplemente no tenga ganas de hablar por teléfono. No llames hasta que te habilite a hacerlo aunque te consuma la ansiedad.

2. Redes sociales

Estás organizando una feria y etiquetas a tus doscientos contactos sin preguntarles. Puede que generes el efecto opuesto al que deseas y que te terminen eliminando de unas cuantas redes. Es de persona respetuosa solicitar autorización para postear en muros ajenos. ¿Vas a pintar la pared de un vecino porque se te ocurre? No lo hagas en redes ajenas, a menos que te habiliten.

Si te da por ventilar tu ira en Twitter, Instagram o Facebook, no creas que la virtualidad te concede impunidad. ¿Te agradaría que te digan improperios por la calle? A las personas famosas tampoco les gusta que las molesten. Si vas a disentir, hazlo con respeto. Y si necesitas trabajar la ira prueba con la meditación, con maratones o un buen terapeuta. 

3. El celular

Estás tomando un café con un amigo o en otra situación social y el Instagram te abduce cual platillo volador. Es una grosería. Estás compartiendo un espacio con otro ser. Tu conducta se llama “phubbing”: ignorar la presencia del otro para dedicarla al móvil.

Ni hablar de sonidos, luces y notificaciones en espacios como el teatro o el cine. Hablar a los gritos en el bus, en el gimnasio y otros espacios compartidos resulta muy poco amable. Imagina si todos hicieran lo propio.

Mandar cadenas que predicen tragedias y horrores si no son reenviadas implica -además de un pensamiento infantil y mágico- distraer a los demás de sus tareas y hacerles perder el tiempo. 

Si vas por la calle u otro sitio público, no focalices en la pantalla del móvil. Hay otros seres humanos que quieren pasar, subir escalones, etc. Ni hablar de infracciones de tránsito como andar en bicicleta o conducir usando el teléfono. La mayoría de los accidentes que lamentamos provienen de estas conductas.

4. El cortejo

Si estás buscando pareja, existen lugares específicos y de excelentes resultados como las apps y portales de citas. No da que “tires los perros” en una red laboral como Linkedin, por ejemplo. Para relaciones comprometidas, te recomiendo Match.com u otros portales de citas. Si vas a escribirle a ese hombre o mujer que te gusta, hazlo con amabilidad y el mismo cuidado de la ortografía con el que te agradaría que te escribieran a ti.

5.- Los mails

¿Lees los mails? ¿Dejas que se acumulen? ¿Cuelgas y nunca respondes? No cuesta nada un “recibido”, “muchas gracias” o, simplemente, “no es de mi interés”. Lo cortés no quita lo valiente. Si te olvida, hacerlo al toque de leerlos. ¿Te gustaría que te dejen esperando una respuesta in eternum? No hagas a los demás lo que no te gusta te hagan a ti.

Usemos la tecnología criteriosamente. Pidamos permiso al otro antes de utilizar su territorio virtual. Miremos a los demás a los ojos, que son el reflejo de nuestra propia alma. Respeto, así en la vida como en la Web.

Fuente: El Mundo al Instante

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