Diez millones de visitantes recibió España en julio, lo que supone una caída del 4,9% respecto al mismo mes del año pasado y el inicio de un cambio de tendencia, según los expertos. 

La industria turística se convirtió en la locomotora que más empuje demostró durante los peores años de la crisis, creciendo a un ritmo del doble que la economía nacional. Pero la gallina de los huevos de oro comienza a presentar signos de fatiga e incluso de agotamiento en algunos destinos de sol y playa. Después de acumular varios récords históricos en la llegada de visitantes internacionales en los últimos años, por primera vez desde 2010 el pasado mes de julio la cifra de turistas extranjeros que eligieron España para pasar sus vacaciones cayó, hasta quedarse en diez millones de visitantes. Y el descenso resulta significativo, ya que supone una bajada del 4,9% en comparación con el mismo mes del año anterior, según la estadística de Movimientos Turísticos en Fronteras, Frontur, publicado ayer por el Instituto Nacional de Estadística (INE).

A pesar de que el dato ha hecho saltar las alarmas del sector turístico más conservador, no hay por qué entrar en pánico, ya que, incluso, puede verse como algo positivo para el sector: «Que nadie se ponga nervioso, porque la industria turística tiene la madurez y la solvencia suficiente como para salir airoso de este cambio de tendencia. Se trata de un reajuste que en cierta forma era de esperar, ya que 2017 fue un año excepcional y extraordinario en el que se lograron datos de ocupación difíciles de superar», asegura Juan Molas, presidente de la Confederación Española de Hoteles y Alojamientos Turísticos, Cehat, quien hace hincapié en que «aunque en julio la llegada de visitantes desciende, en el acumulado del año se mantiene una estabilidad positiva, con más de 41,1 millones de turistas, lo que implica un incremento del 0,3% si lo comparamos con el mismo acumulado del año anterior».

La caída en el volumen de viajeros también ha resentido la cifra de gasto que dejan los turistas en nuestro país. De hecho, el consumo total realizado por los visitantes internacionales en julio alcanzó los 11.747 millones de euros, un 0,9% menos que en el mismo mes de 2017, según la Encuesta de Gasto Turístico publicada ayer por el INE. A pesar de ello, en el acumulado del año el dato es bueno, ya que durante los primeros siete meses de 2018 los turistas gastaron 50.691 millones de euros, un 3% más que en el mismo periodo del año pasado. «Por eso no podemos hablar de pérdidas económicas a pesar de la ralentización del sector», advierte Molas. De hecho, en julio el gasto medio por viajero rozó los 1.177 euros, lo que supone un incremento del 4,2%, mientras que el gasto medio diario fue de 152 euros, lo que significa un aumento del 9,5%. «Así, el cambio de tendencia puede presentarse como algo positivo, ya que vienen menos viajeros, pero éstos gastan más en el destino. La cifra récord que nos ha obsesionado en los últimos años no nos lleva a ningún lado y resulta mucho más inteligente pelear porque los turistas gasten más, ya que eso asegurará un modelo turístico sostenible y diversificado sin dar pie a la masificación de los destinos», afirma David Mora, consultor turístico.

El descalabro de la cifra de visitantes internacionales que llegaron a España durante el mes de julio no es fruto de la casualidad. La principal razón que apuntan los expertos es la recuperación de los destinos del norte de África, principales competidores en el mercado de sol y playa cuando se trata de atraer a viajeros que buscan el precio más ajustado, aunque también entra en juego la celebración del mundial de fútbol ese mes y la climatología adversa que se produjo en junio. «No podemos olvidar que en los últimos años España ha recibido varios millones de visitantes ‘prestados’ de otros destinos que ahora ya muestran signos evidentes de mejoría, como Túnez, Egipto o Turquía. Se trata de una redistribución de los mercados que con los disturbios políticos del norte de África se habían desviado», recuerda Molas. Y este reajuste se ha hecho más evidente en los turistas británicos, franceses y alemanes, que son precisamente los principales mercados emisores hacia España. «La caída de julio no hace otra cosa más que demostrar la peligrosa dependencia que tiene el turismo español con respecto a los viajeros de Reino Unido, Francia y Alemania, sobre todo en determinados destinos costeros y en las islas», advierte Mora. De hecho, los datos son contundentes, ya que la llegada de franceses que escogieron España en julio cayó un 11,4% respecto al mismo mes del año pasado, mientras que la de los alemanes descendió un 6,2% y la de los británicos un 5,6%, según Frontur.

Más norteamericanos

Más allá de las cifras negativas, el sector rasca entre los dígitos en verde. Resulta interesante el incremento de la llegada de los estadounidenses durante julio, ya que los 357.177 turistas norteamericanos significan un crecimiento del 12,7% en comparación con el mismo mes del año pasado, que ya fue muy bueno. «En mi opinión, atraer a viajeros como el estadounidense, que es uno de los más cotizados del mundo, es una excelente noticia, sin olvidar que también crece un 4% la llegada de visitantes procedentes del resto del mundo, donde se engloban China, Japón o Emiratos Árabes. Esto demuestra que el sector está haciendo las cosas bien, pero también refleja la necesidad de que las políticas turísticas deben ser más diversificadas para atraer viajeros durante más meses del año y que dejen más retorno económico», concluye el presidente de Cehat.

Fuente: larazon.es

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