La globalización, el auge de los viajes de ocio y el crecimiento de las compañías de bajo coste son causantes del importante aumento de vuelos que se ha experimentado a nivel mundial.

Albert Vilariño @albertvilarino

Un crecimiento que sin duda tiene un impacto reseñable en el medio ambiente y, por tanto, en el cambio climático. Se estima que el sector de la aviación comercial es responsable del 2% de los gases de efecto invernadero generados por la acción humana que se lanzan a la atmósfera y del 3% incluyendo otros gases contaminantes.

Y ese impacto va a ir creciendo con los años. Según las previsiones de Airbus, el número de aviones de pasajeros en 2034 será el doble del que había en 2014 llegando hasta las 35.749 unidades (de las cuales más de 31.000 todavía deben ser construidas).

Como no puede ser de otro modo, los pasajeros transportados también tendrán un aumento muy considerable, y el número de kilómetros recorridos pasará de 6,2 a 15,2 trillones.

La industria del transporte aéreo tiene que hacer frente a los retos derivados de su crecimiento y su impacto en la sostenibilidad del planeta, y debe plantarles cara tanto desde el terreno de juego de los fabricantes de aeronaves como desde el de las propias líneas aéreas.

Fabricantes: la reducción de consumos como objetivo

Las compañías fabricantes de aviones mueven ficha para que sus productos sean lo más respetuosos posibles con el medio ambiente a través de grandes sumas de dinero destinadas a desarrollo e innovación.

Sus líneas de actuación están encaminadas a hacer aviones más eficientes, con menores consumos, menos ruidosos, capaces de utilizar combustibles menos contaminantes y hechos con novedosos materiales.

Por ejemplo, el gran fabricante estadounidense Boeing es el constructor del 737 Max, el avión comercial más económico del mundo en cuanto a coste de combustible por asiento. Este aparato reduce el uso de combustible y las emisiones de dióxido de carbono en un 20% en comparación con el 737 original y tiene una huella de ruido un 40% menor que los aviones de un solo pasillo de la actualidad.

Su familia 787 Dreamliner mejora el uso de combustible entre un 20% y un 25% en comparación con los aviones que reemplaza. Las eficiencias se deben a nuevos motores, materiales compuestos livianos, aplicaciones de sistemas más eficientes y aerodinámica moderna.

La familia de aviones 787 Dreamliner ha ahorrado a las aerolíneas más de 6,4 mil millones de kilogramos de combustible desde que se introdujo en 2011.

Se estima que esta familia de aviones ha ahorrado a las aerolíneas más de 6,4 mil millones de kilogramos de combustible desde que se introdujo en 2011.

Para mejorar la eficiencia operativa de la flota en servicio, este fabricante ofrece su herramienta Fuel Dashboard. Con ella, Boeing analiza los datos de las operaciones de la aerolínea y simula diferentes escenarios para evaluar la cantidad de combustible requerido para un vuelo determinado. Estas comparaciones permiten a las aerolíneas identificar e implementar oportunidades de mejora a lo largo de su operación, utilizando análisis analíticos y descriptivos.

Más de dos docenas de aerolíneas utilizan esa herramienta y están reduciendo el uso de combustible en un promedio de 4,3%, lo que disminuye proporcionalmente las emisiones de dióxido de carbono.

Boeing trabaja en estrecha colaboración con aerolíneas, instituciones de investigación, organizaciones no gubernamentales, gobiernos y otros grupos de interés en el desarrollo de biocombustibles hechos con materias primas que incluyen residuos de aceite de cocina y grasa animal, residuos agrícolas y forestales, cultivos sostenibles con fines específicos y gases residuales de instalaciones industriales.

Los estudios científicos han demostrado que los biocombustibles reducen las emisiones del ciclo de vida de un 50% a un 80% en comparación con los combustibles fósiles, y a su vez funcionan tan bien o mejor que el combustible de basado en petróleo al reducir las emisiones de azufre, hollín y partículas.

Clean Sky, investigación europea para la sostenibilidad

Por su parte, Airbus, la contrapartida europea a Boeing, tampoco se queda atrás y desempeña un papel importante en Clean Sky, el programa de investigación de la Unión Europea dotado con miles de millones de euros para desarrollar una tecnología innovadora destinada a la reducción racional de las emisiones de CO2 y gases producidas por los aviones.

Airbus lidera el desarrollo de varios demostradores de tecnología de vanguardia que ayudarán a reducir el ruido y las emisiones de CO2 y gases producidas por los aviones.

También dentro de Clean Sky, destaca su colaboración con el fabricante de motores Rolls-Royce para integrar el demostrador UltraFan para pruebas de vuelo. Con un diseño de motor a reacción escalable para aviones de fuselaje ancho o de un solo pasillo, UltraFan ofrece una mejora del 25% en la eficiencia de combustible con respecto a la primera generación del motor Rolls-Royce Trent.

Se experimenta con un nuevo tipo de ala, llamada Blade, que promete tener muy buenos resultados a la hora de economizar combustible mediante una reducción de hasta un 50% de su resistencia al avance.

Así mismo, se experimenta con un nuevo tipo de ala, llamada Blade, que promete tener muy buenos resultados a la hora de economizar combustible mediante una reducción de hasta un 50% de su resistencia al avance.

Existen también iniciativas de diversas empresas para lograr aviones propulsados con energía eléctrica, pero están todavía en fases muy iniciales para poder ser desplegadas seriamente y no serían adecuados al menos inicialmente para rutas largas ni aviones de gran tamaño.

Las aerolíneas: ahorro económico y sostenibilidad

Como no podría ser de otra forma, dentro de los programas de responsabilidad social de las líneas aéreas, los temas medioambientales suelen tener una gran importancia.

Una de las claves utilizadas para reducir los costes no solo económicos sino también para el medio ambiente está en utilizar los aviones más modernos posibles. Ello reduce el mantenimiento extra relacionado a la antigüedad y además proporciona trabajar con los aviones más eficientes, más seguros y menos ruidosos.

De esto saben mucho en Ryanair y Air Berlin, aerolíneas de bajo coste que tienen flotas de aparatos con unos cinco años de media, con menores tasas de emisión de CO2 por Km/pasajero.

La reducción de peso también es una de los objetivos principales de las líneas aéreas, aunque algunas de las medidas a tomar por algunas determinadas empresas son más bien perjudiciales para los clientes, como la imposibilidad de subir determinados equipajes a la cabina de pasajeros, o aumentar el precio del billete para permitirlo.

Otras maneras de reducir peso es a través de la utilización de carros de servicio y vajillas de menor peso, pinturas de menos gramaje en el fuselaje del avión, eliminar los pesados manuales en la cabina de los pilotos cambiándolos por tabletas electrónicas, etc.

Cada gramo cuenta, y al final de año los consumos de combustible se ven reducidos, representando un menor impacto medioambiental y mayores márgenes económicos.

La reducción de peso es una de los objetivos principales de las líneas aéreas, aunque algunas de las medidas son más bien perjudiciales para los clientes.

No todo es ahorro de peso y combustible

La renovación de los equipos de tierra también aporta en la sostenibilidad de las aerolíneas. Diversas empresas están cambiando sus escaleras portátiles, elevadores y tractores por sus nuevos vehículos propulsados por energía eléctrica.

Por su parte, los mecanismos de bonos de carbono no son ajenos a la industria del transporte aéreo, ya que a partir de 2020 las compañías aéreas deberán someterse a un sistema de mercado de emisiones de CO2 acordado por la Organización de Aviación Civil Internacional(OACI) para vuelos internacionales.

Será un sistema que no impedirá que crezcan las emisiones pero obligará a las compañías a hacer compensaciones cuando excedan el tope de emisiones establecido.

Hasta que eso pase, algunas aerolíneas ya están tomando cartas en ese asunto de manera voluntaria, como por ejemplo Delta Airlines.

Desde 2013 Delta ha comprado y retirado voluntariamente casi nueve millones de compensaciones de carbono, incluyendo el compromiso de retirar más de 2,5 millones de compensaciones solo en 2017. Su intención es reducir su huella total de emisiones a los niveles de 2012.

Otro tipo de iniciativas interesantes para esta industria son las destinadas a reducir y recuperar los residuos que se generan en las cabinas de los aviones.

Por ejemplo, Iberia está llevando a cabo un proyecto pionero que pretende mejorar la gestión de los residuos tanto reciclables como orgánicos, derivados de sus servicios de catering.

El proyecto, que se encuentra en fase de desarrollo servirá para elaborar un procedimiento que establezca las bases para una gestión de residuos sostenible, con el menor impacto posible, analizando la gestión actual y la propuesta mediante un estudio de ciclo de vida.

Fuente: Compromiso Empresarial

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