Cuáles son las condiciones para que surja la vida o cómo funciona el Sistema Solar son las cuestiones que quiere resolver la Agencia Espacial Europea con su programa «Cosmic Vision» 

Allá por 2005 se produjo un hito histórico de la humanidad en el espacio: la sonda Huygens de la Agencia Espacial Europea (ESA por sus siglas en inglés) consiguió aterrizar en una de las lunas de Saturno, Titán. Hasta ahora es la misión que más lejos de la Tierra ha conseguido posar tecnología humana, y aún hoy los hallazgos que Huygens envió durante horas a la sonda Cassini de la NASA se utilizan en estudios que nos revelan los misterios del universo. Pero, aunque el aterrizaje durara apenas unas horas, se tardaron más de dos décadas en idear el ambicioso plan para «colonizar» Titán.

Fue en 1982 cuando se planteó por primera vez esta posibilidad, que fue aprobada definitivamente en 1988. Después hubo que esperar hasta 1997 para ver cómo la sonda Cassini (con Huygens en su interior) era lanzada al espacio. Y aún hubo que aguardar otros ocho años más hasta el descenso de infarto a la luna de Saturno. «Nada de esto habría ocurrido si la ESA no hubiera tenido un plan espacial a largo plazo», afirman desde la agencia espacial. Ese plan era «Horizonte 2000» y cumplió sus objetivos con creces: puso en órbita el telescopio espacial Hubble y consiguió depositar el módulo Rosetta en el cometa 67P en 2014, entre otras hazañas.

Y, sobre todo, sentó las bases de la actual «hoja de ruta» de la ESA, conocida como « Cosmic Vision 2015-2025», y cuyos objetivos están encaminados a contestar a cuatro preguntas fundamentales: ¿cuáles son las condiciones para la formación de planetas y el surgimiento de la vida?; ¿cómo funciona el sistema solar?; ¿cuáles son las leyes físicas fundamentales del Universo?; y ¿cómo se originó el Universo y de qué está hecho? Y para ello se estudiará desde las radiaciones que emite el Sol, pasando por recoger muestras de la luna marciana Fobos para conocer nuestros orígenes, visitar por segunda vez Urano y Neptuno y, por supuesto, encontrar un planeta parecido a la Tierra que, quizá, pueda albergar vida.

Exoplanetas: buscando una nueva Tierra

La próxima misión que intentará responder a estas preguntas, sobre todo la de cómo puede surgir vida en el Universo, será Cheops, cuyo lanzamiento está previsto para el próximo mes de octubre y tiene una especial participación de España. «La búsqueda de planetas extrasolares es uno de los campos de la astronomía que más ha crecido en los últimos años, especialmente orientada hacia el descubrimiento de planetas que se parezcan a la Tierra y que reúnan las condiciones necesarias para albergar vida», explica Günther Hasinger, director de Ciencia de la ESA desde el Centro Europeo de Astronomía situado en Villanueva de la Cañada (Madrid). Así, los datos arrojados por satélites como CoRoT y Kepler ya han señalado varios candidatos de entre los más de 4.000 exoplanetas descubiertos que podrían ser «parecidos» a nuestro planeta. La misión del satélite Cheops será «seguir» a estas potenciales «tierras» para determinar su tamaño, calcular la densidad y caracterizarlos como, por ejemplo, mundos de lava, roca o gaseosos.

A pesar de ser considerada una de las misiones «pequeñas» por contar con un presupuesto más modesto (50 millones de euros) y unos tiempos más reducidos (Cheops enviará datos durante tres años y medio ampliables a cinco), sentará las bases para enviar en la próxima década dos misiones más ambiciosas: Plato (2026) y Ariel (2028). llamados «cazadores de exoplanetas», no solo arrojarán más datos sobre tamaño y densidad, sino también estudiarán, entre otros parámetros, la actividad sísmica en las estrellas que los iluminan, determinando la edad de estas.

Mirando de cerca a nuestros vecinos

Pero de puertas para adentro de nuestro vecindario cósmico, el Sistema Solar, también hay mucha información que recopilar que nos permitirá saber más acerca de nuestros orígenes. De camino a Mercurio está la sonda BepiColombo, quien llegará a su destino en 2026. El año que viene Solar Orbiter se dirigirá hacia la heliosfera (la región espacial que sometida a la influencia del viento solar y a su campo magnético) para estudiar en condiciones que no se pueden reproducir en la Tierra el desarrollo de los planetas y el surgimiento de la vida; cómo funciona el Sistema Solar; los orígenes del Universo y la física fundamental que funciona en el Universo.

Sin embargo, en palabras del director de Ciencia de la ESA, el proyecto más ambicioso es la misión Juice: «Es un crucero a Júpiter y sus grandes lunas, que será lanzado en mayo de 2022. La misión investigará el posible surgir de mundos habitables alrededor de los gigantes de gas y al sistema de Júpiter como un arquetipo para los numerosos planetas gigantes ahora conocidos que orbitan otras estrellas. Es todo un desafío para la ESA y la mayor empresa de la agencia espacial en los próximos cinco años», señala Hasinger.

Además, la colaboración entre las distintas agencias espaciales (e incluso entidades privadas) se está volviendo una necesidad a la hora de explorar el cosmos. Por ello, en 2023 se lanzará la misión Smile, una iniciativa conjunta de la ESA junto con la Academia China de las Ciencias que intentará comprender la conexión entre el Sol y nuestro planeta a través del viento solar y su interacción con la magnetosfera. Un año después, en 2024, se lanzará en colaboración con la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial la misión Martian Moons Exploration, que recogerá por primera vez material de la luna marciana Fobos, un primer paso para conocer más de cerca a nuestro vecino y arrojar más luz antes del desembarco definitivo del hombre en Marte. «Seguramente encontremos material de Marte en Fobos, lo que arrojará mucha luz acerca de si pudo haber vida en el planeta rojo», explica Hasinger.

Los gigantes helados, el siguiente reto

Para 2030, década en la que la NASA se ha propuesto llevar un hombre a Marte, la ESA prepara dos ambiciosos proyectos: Athena (2031) y Lisa (2034). Juntos estudiarán las ondas gravitacionales, que «han abierto una nueva dimensión en el estudio del espacio», según afirma Hasinger, y a las que estas misiones intentarán poner la banda sonora a las ondas gravitacionales y saber más sobre los agujeros negros supermasivos o «añadir sonido a las películas cósmicas», como afirma el director científico de la Agencia Espacial Europea.

Además, la ESA se ha propuesto volver a acercar su tecnología a los gigantes helados, Urano y Neptuno, a los que la humanidad no «visita» desde 1986 y 1989, respectivamente, gracias a la Voyager 2, que propició imágenes como nunca antes se habían visto. «La intención es enviar a Neptuno una sonda en 2030 para que llegue en 2043; y a Urano en 2031 con llegada prevista en 2043; incluso puede que visitemos ambos planetas a la vez», dice Hasinger. Para entonces, quién sabe si el ser humano habrá dado con la respuesta a las cuatro preguntas que rigen el proyecto «Cosmic Vision».

Fuente: elmundoalinstante.com

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