Durante seis meses, entre el primer día de junio y el último de noviembre, el Caribe vive su momento de máxima tensión en el año. En este período está enmarcada la temporada de ciclones tropicales, eventos meteorológicos que constituyen el mayor peligro para una región que ha sufrido históricamente cuantiosas pérdidas económicas y de vidas humanas, por el paso de estos fenómenos. ¿Cuál es el pronóstico para 2019?

De acuerdo con las previsiones del Centro de Predicción Climática de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, este año se espera la formación de entre nueve y 15 tormentas, de las cuales de cuatro a ocho se convertirían en huracanes y de dos a cuatro podrían tener vientos sostenidos superiores a 160 kilómetros por ahora. Esta son cifras inferiores a las de 2018 cuando la región recibió los embates de 15 tormentas con nombres y ocho huracanes; aunque ninguno tuvo la fuerza ni provocó daños similares a los terribles Irma y María, que golpearon a la región en 2017.

La razón principal de que la temporada ciclónica de 2019 no sea tan activa es la influencia del fenómeno meteorológico llamado “El Niño”. Según la Organización Meteorológica Mundial, este es un “fenómeno caracterizado por la fluctuación de las temperaturas del océano en la parte central y oriental del Pacífico ecuatorial, asociada a cambios en la atmósfera”. Durante “El Niño”, los vientos del oeste son más fuertes y esto inhibe la creación e intensificación de los ciclones tropicales. No obstante, el hecho de que este año las temperaturas en el Atlántico y el Caribe tengan valores un poco superior a lo normal puede favorecer la formación de ciclones.

Los desastres naturales en el Caribe se han intensificado en la última década y el principal causante, según los expertos, es el cambio climático, que constituye el principal peligro para una región que depende del turismo. Ante ese escenario, las islas caribeñas cada vez se preparan mejor para afrontar la temporada ciclónica. Además, los gobiernos de estos países han intensificado sus esfuerzos diplomáticos para que los países más poderosos comprendan que el calentamiento global es un problema real que provoca no solo el aumento del total de huracanes anuales, sino que podría, en un futuro no tan lejano, terminar con la existencia de no pocas islas, que se hundirían ante el aumento del nivel de las aguas.

El turismo es una actividad clave para el turismo en el Caribe y sus avances y retrocesos están muy relacionados con la actividad ciclónica de cada temporada. Según la Organización Caribeña de Turismo (CTO), en 2018 hubo una caída en la llegada de turistas de entre 3% y 4% y 20 de los 34 destinos caribeños que fueron afectados por Irma y María tuvieron descensos en el total de visitantes. No obstante, la CTO espera que, en 2019, la región tenga un crecimiento del 4%, lo cual será muy importante para el ascenso económico del Caribe, estimado por el Banco Mundial en un 2,3%.

CURIOSIDADES SOBRE LOS CICLONES TROPICALES

La primera curiosidad está relacionada con la nomenclatura: ¿cómo llamarlos? ¿Ciclones, huracanes, tifones? En realidad, todos estos fenómenos son considerados ciclones tropicales, ya que sus vientos sostenidos superan los 119 kilómetros por hora.

En el Atlántico Norte y el Pacífico Noreste se conocen como huracanes; mientras, en el Océano Pacífico Noroeste son tifones y en el Pacífico Sur y el Océano Índico, el término utilizado es ciclón. En realidad, todos hacen referencia a un sistema rotatorio y organizado de nubes y tormentas eléctricas que se origina sobre aguas tropicales o subtropicales, de acuerdo con la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos.

Los ciclones tropicales se clasifican en categorías de entre 1 y 5 en la escala Saffir-Simpson, según la velocidad del viento. Esta escala fue creada por el Ingeniero civil Herbert Saffir y el director del Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos, Bob Simpson, en 1969. La primera categoría es la de menor intensidad (vientos que no sobrepasan los 153 kilómetros por hora), mientras, la categoría cinco se otorga a aquellos fenómenos con vientos sostenidos superiores a 250 kilómetros por hora.

La costumbre de colocar nombres de personas a los ciclones tropicales data de la segunda mitad del siglo pasado. Antes se les nombraba de acuerdo con el santo del día y entre los que más destrozos causaron en el siglo XIX estuvo el Santa Ana que azotó a Puerto Rico, el 26 de julio de 1825.

El meteorólogo británico Clement Wragge fue el primero que comenzó a utilizar nombres femeninos para referirse a los ciclones tropicales y a partir de 1953 se convirtió en práctica oficial en Estados Unidos. A las mujeres, con razón, no les parecía bien que eventos tan desastrosos fueran asociados únicamente con sus nombres, por lo que la activista Rocxy Bolton lideró una campaña para cambiar esto. En 1979, las autoridades estadounidenses accedieron a alternar nombres masculinos y femeninos en el momento de reconocer a un ciclón tropical.

En la actualidad, los nombres de los huracanes los decide un Comité de la Organización Mundial Meteorológica. En esta lista anual, los nombres se organizan en orden alfabético y alternan los hombres y mujeres, en inglés, español y francés. Estas listas se repiten cada seis años, por lo que la de 2019 es igual a la de 2013. Para esta temporada se utilizarán: Andrea, Humberto, Olga, Barry, Imelda, Pablo, Chantal, Jerry, Rebekah, Dorian, Karen, Sebastien, Erin, Lorenzo, Tanya, Fernand, Melissa, Van, Gabrielle, Nestor y Wendy. Si ocurrieran más de 21 tormentas—lo cual no está previsto para 2019—entonces se recurriría al alfabeto griego (Alpha, Beta, Gamma, etc.).

Los listados no son estáticos, ya que algunos nombres son retirados y para esto se tiene en cuenta la intensidad o efectos secundarios que provocaron esos huracanes. Por ejemplo, Andrew, George, Katrina y más recientemente Irma no volverán a aparecer en la lista.

El huracán más mortífero de la historia fue el Bhola que provocó la muerte de más de 500 mil personas, el 13 de noviembre de 1970, en Bangladesh; mientras, en la región atlántica han ocurrido tres huracanes que causaron más de 10 mil muertes: Mitch, en 1998, en Honduras (casi 20 mil), Galveston, en Texas, Estados Unidos, en 1900 (más de 10 mil) y el llamado “Gran Huracán de 1780”, considerado el primero que causó un enorme número de víctimas mortales (más de 22 mil), tras azotar Martinica, Sint Eustatius y Barbados entre el 10 y el 16 de octubre.

CONSEJOS PARA LOS TURISTAS, ANTES, DURANTE Y DESPUÉS DE UN CICLÓN

Para los turistas que visitan el Caribe en la temporada ciclónica el primer consejo es la información fidedigna y actualizada. Entre los sitios de referencia está el Centro Nacional de Huracanes, en Miami. Con una rápida consulta es posible tener acceso gratuito a una amplia información sobre el pronóstico del tiempo. El Centro emite advertencias y avisos costeros, no solo para Estados Unidos, sino también para otros territorios de la región.

Otro sitio donde el turista puede encontrar datos precisos es el del Instituto de Meteorología de Cuba, un centro de referencia en la región, ya que ese país ha logrado establecer un sistema muy avanzado de avisos sobre ciclones. Si la proximidad de un ciclón tropical lo sorprende en un país caribeño, donde estaba realizando turismo, entonces es importante saber que existen varios tipos de llamadas de atención. Primero está el aviso sobre la posible llegada, en un período de 36 horas; luego, está la alerta que indica el arribo en las próximas 24 horas. Incluso, hay países que establecen códigos de color. Por ejemplo, en República Dominicana el peligro máximo se identifica con el rojo, el alto (inminente impacto de la línea de vientos) con el naranja, el moderado con el amarillo y el bajo con el verde.

En caso de ser necesaria la evacuación del hotel es muy importante seguir las instrucciones recibidas por las autoridades locales. Por lo general, a los turistas suele llevárseles a otra instalación, alejada de la zona de más peligrosidad o con mejores condiciones de infraestructura. La comunicación es esencial en todo momento, por lo que es aconsejable cargar al máximo los dispositivos móviles y hacer un uso racional de ellos, ya que tras el paso del huracán los servicios eléctricos suelen ser muy afectados.

Después del huracán es clave esperar a que la situación esté en calma. Muchos se aventuran a salir antes de tiempo, para “vivir la experiencia” y esto puede llegar a ser peligroso, ya que por todas partes puede haber cables en el suelo. Además, es muy importante mantener la comunicación con el consulado de su país, para que el personal diplomático sepa cómo se encuentra y pueda apoyarlo en caso de ser necesario.

Fuente: Caribbean News Digital

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