El consumo de alcohol en un avión, sobre todo en un vuelo de largo radio, está mucho más tolerado que en muchos otros ámbitos. Inclusive que en un bar.

Un par de copas ayudan a mitigar el sopor de volar 10 o 12 horas, pero todo tiene un límite. O varios, como la edad, el estado del pasajero y hasta las leyes de la aerolínea. Un relevamiento realizado por The Telegraph entre tripulantes de cabina, médicos y blogueros de viajes precisa que el número ideal de copas a bordo oscila entre dos y cuatro.

Qué beber en el vuelo

Cabe recordar que en el caso de los vinos a los pasajeros se les deja una botella pequeña de poco más de 220 ml, y en el caso de la cerveza es una lata de 330 ml.

Muchas aerolíneas, sobre todo en las clases primera y business, ofrecen otras bebidas alcohólicas como cócteles, destilados como whisky o champagne.

Técnicamente no hay un límite para su consumo, pero los tripulantes tienen sus sentidos desarrollados en reconocer al pasajero que ya ha cruzado alguna línea roja y, con tacto y sin herir susceptibilidades, le aconsejan dejar de beber.

Qué pasa con las bebidas en las alturas

Los efectos del alcohol cuando se vuela a 10.000 metros de altura es diferente al consumo en tierra firme.

La presión en la cabina durante el vuelo es más baja, lo que provoca una disminución en la capacidad del cuerpo de absorber el oxígeno. Este fenómeno, conocido como hipoxia, causa que el alcohol tenga efectos más rápidos sobre el cerebro.

El cuerpo tiene menos agua y oxígeno en su sangre, por el ambiente más seco de la cabina, por lo que la concentración de alcohol es mayor y se siente más nítidamente.

Consejos para un vuelo tranquilo

Por ello, para evitar que con un par de cervezas alguien esté a punto de hacer el ridículo, se aconseja beber agua junto a la bebida alcohólica.

También se sugiere evitar las comidas saladas, porque al tener más sed se suelen consumir vinos, cerveza, champagne o cócteles para mitigarla, cuando el efecto puede ser el contrario.

Siempre es recomendado levantarse cada una o dos horas para estirar los miembros y evitar problemas musculares.

En esos momentos uno puede comprobar si el alcohol está causando efectos indeseados, porque los efectos al estar sentado son más difíciles de detectar.

El ojo experto del tripulante de cabina

Cuando el pasajero se levanta para pedir una bebida cuando ya terminó el servicio a bordo expone comportamientos que para los tripulantes son como una declaración jurada.

Solicitar una bebida en un tono de voz alto, o si el pasajero tiene que apoyarse en la estructura del avión cuando está en el galley, son luces rojas que alertan al empleado de la aerolínea para aconsejarle que vuelva a su asiento, con un botellín de agua en su mano.

Es que los tripulantes de cabina son los primeros que quieren evitar problemas con los pasajeros. Sino, que lo digan los de Ryanair (entre otras aerolíneas), que periódicamente tienen que realizar aterrizajes de emergencia por viajeros pasados de copas.

La edad mínima

Técnicamente no hay un límite legal para servir bebidas alcohólicas. Por lo general, depende de las leyes del país donde está radicada la aerolínea. En el caso de las compañías europeas, la edad mínima son 18 años, acorde a la legislación de la UE.

En cuanto a las de EEUU, como United Airlines, la expedición de bebidas está prohibida para menores de 21 años.

Varias aerolíneas de países de cultura musulmana no sirven alcohol en sus vuelos. Entre otras, se pueden citar a Saudi Arabian Airlines, Royal Brunei Airlines, Egypt Air, Kuwait Airways, Iran Air, Iraqi Airways y Pakistan International Airlines.

Asimismo, muchas compañías de otros países dejan de ofrecer alcohol cuando sobrevuelan el espacio aéreo de estados con leyes más restrictivas, como Irán.

Cuando el avión está en tierra tiene que respetar la legislación del país en que se encuentra. Aunque en verdad, ¿a quién se le ocurriría pedir un gin tonic cuando todavía hay pasajeros embarcando?

Por Juan Pedro Chuet-Missé – Cerodosbe

Aviación al Día

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