Descanso junto al mar, compras, la ruta de Gabriela Mistral, las pisqueras y los observatorios astronómicos en el Valle del Elqui. 

Es solo levantar un poco la cabeza desde la cama y pispear por la ventana: está nublado; buen momento para ir a caminar. Este piso 21 del edificio de departamentos Club Océano es como un panóptico desde el que se ve todo: la larga playa de La Serena recostada sobre el Pacífico, con el Faro Monumental como ícono y enormes torres de departamentos, como ésta desde la que miramos, que empiezan a surgir aquí y allá: la ciudad, 470 km al norte de Santiago, está en pleno boom de la construcción. Es uno de los principales destinos turísticos de Chile, y también una de las playas más elegidas por los argentinos cada verano.

Hacia el otro lado vemos asomar esa especie de gran peñasco rocoso tapizado de casas y casitas y coronado en su parte más elevada por la enorme Cruz del Milenio: es Coquimbo, que es otra ciudad y otro municipio pero es como si fuera el mismo, porque todo está unido. Así como más al sur -a 430 km- están casi juntos el puerto de Valparaíso y la playa de Viña del Mar, aquí sucede lo mismo con Coquimbo -el puerto- y La Serena -la playa-.

Y aquí, en este departamento, estamos en La Serena pero en realidad en Coquimbo. ¿Cómo es eso? Es que el límite entre ambos municipios pasa unos metros más allá, más al norte. Desde esta esquina de Coquimbo vemos toda La Serena; y si quiere sumarle otro enredo, estamos en la región de Coquimbo, cuya capital es, precisamente, La Serena. Entre ambos municipios hacen una urbe de casi 500 mil habitantes permanentes. Y muchos, muchísimos más, entre diciembre y febrero.

Bien. El hecho es que suele amanecer nublado por aquí, como hoy. Ideal para los que prefieren la playa con poca gente y sin un sol abrasador (aunque ojo, que quemar, quema). Un gran momento entonces para caminar, disfrutar del fresco y el mar tranquilo, entre algunos caminantes habituales, los runners madrugadores y algunos recién llegados -sobre todo argentinos, y muy especialmente de Mendoza y San Juan- que el primer día aún no se ubican: bajan temprano a la playa con sombrilla, sillas, mate y todo el combo y empiezan a mirar aquí y allá, como preguntándose dónde está la gente.

Lo que se dice playa-playa comienza aquí a mediodía, o algo más tarde. Entonces sale el sol y las sombrillas florecen como hongos, se marcan las canchas de tejo, paleta, se juega al spikeball y al freesbee y aparecen los bananos, todo un furor este verano: esas reposeras-puff que se inflan con la brisa y son la mar de cómodas.

Y todo sigue hasta bien tarde, cuando el sol va cayendo sobre el horizonte azul y la brisa fresca obliga a buscar la camperita que quedó en el fondo de la bolsa. Eso sí, a los surfers, que siempre están buscando “la mejor ola” se los puede ver a toda hora, en general por la zona que va entre el faro y el parador Maui.

Si se pregunta por el tiempo aquí, datos meteorológicos: en primer lugar, vaya tranquilo que en verano no hay sorpresas. Nunca llueve. En general amanece nublado y luego despeja, y la temperatura difícilmente supera los 22 o 23 grados. ¿Otro? El mar, en febrero, tiene una temperatura promedio de 17/18 grados, un par más que en Viña.

Las olas y el viento

Volvamos a este departamento-mirador. Desde donde estamos hasta el faro son 4,5 km. Ida y vuelta, 9 km en unas dos horas. Un buen ejercicio para comenzar. Para el otro lado, hasta Coquimbo, son 5 km. Pero yendo hacia el faro tenemos un buen pantallazo del lugar: en la zona central de la larga Avenida del Mar están los primerizos, los condominios vacacionales más antiguos, con toques elegantes y no más de 5 o 6 pisos.

Hacia los extremos –especialmente hacia el sur, más cerca de Coquimbo, donde la Avenida del Mar se llama Avenida Costanera- y un par de cuadras costa adentro, las torres nuevas: altas, blancas, con piscinas -al aire libre y climatizadas-, parrilla, SUM, entretenimiento para niños, gimnasio, y todo lo que imagine.

Sol y playa. Es, claro, el principal argumento de La Serena para atraer a miles de visitantes cada verano. Aunque para ser exactos, digamos que ésta es la principal y más poblada de las playas, pero hay muchas más: desde Pichidangui en el sur hasta Punta de Choros al norte, pasando por Tongoy, Guanaqueros, Los Vilos, Totoralillo o Chigualoco, entre otras, la región de Coquimbo ofrece una gran variedad de playas, pequeñas o amplias, solitarias o en medio de la ciudad, con vida nocturna o super tranquilas.

Tomemos un ejemplo un poco al azar: de camino hacia el norte por la ruta 5 -si viene de Mendoza o Santiago- pasará cerca de sitios como Aguas Dulces: no más que arena, mar y algunos pocos acampantes que llegan a pasar el día. Aunque posiblemente no dure mucho, porque ya están trazadas varias calles del masterplan para lo que próximamente será una nueva villa balnearia.

La Serena, la antigua

Sí, la playa aquí es el argumento central, pero no el único; también la historia, por ejemplo, tiene un lugar importante. Porque La Serena, fundada en 1544, es la segunda ciudad más antigua del país después de Santiago. Así que no diga que no le avisamos y resérvese un rato para pegarse una vueltita por el centro, porque vale la pena recorrer, por caso, la Plaza de Armas, el lugar donde se refundó la ciudad en 1549 por orden de Pedro de Valdivia, luego de que una sublevación de indígenas destruyó aquel primer intento.

En el centro de la plaza hay una gran fuente esculpida en piedra por el artista Samuel Román, y a su alrededor están, como corresponde, la Municipalidad, el edificio del Gobierno regional, la sede del Sernatur –el organismo de turismo de Chile- y la Catedral, en el mismo lugar que, en 1549, el fundador Francisco de Aguirre eligió para la iglesia matriz. La primera construcción data de 1633, pero el edificio actual es de 1844.

En toda la zona del centro antiguo hay hermosos edificios neocoloniales de vistosos balcones, y muy cerca de la Plaza de Armas está La Recova, que no es otra cosa que el Mercado Municipal. Lo de recova viene, justamente, por su estilo neocolonial, con varios arcos que resguardan una más que recomendable feria artesanal, con restaurantes varios y patios. ¿Qué puedo comprar tradicional de la zona?, puede que se pregunte. Anote: artesanías en piedra combarbalita o lapislázuli, esa piedra semipreciosa tan azul, que es la más típica de Chile. También tejidos de lana de alpaca y productos gastronómicos como manjar blanco con nueces o lúcumas, quesos de cabra, frutos en almíbar y papayas en distintas formas, porque la región, sépalo de paso, es una gran productora de papayas.

La ciudad ofrece tres rutas turísticas complementarias, que bien valen la pena. Una es la Ruta de los Miradores, para deleitarse con grandes vistas sobre la ciudad y el mar -como el mirador Santa Lucía, el Cerro Grande y el Campus Colina el Pino, en la Universidad de La Serena-. La otra es la sorprendente Ruta de los Parques, con hermosos espacios verdes entre los cuales destacan el Parque Japonés y el parque Pedro de Valdivia, con un mini zoo, sector de juegos infantiles, senderos y zona de picnic.

Y finalmente está la Ruta de los Museos, que incluye, entre otros, la casa-museo Gabriel González Videla, la única casa del siglo XIX que aún se conserva cerca de la Plaza de Armas, en el lugar donde estuvo la casa de Francisco de Aguirre. También el museo de arte religioso de la Catedral, con elementos de la eucaristía desde el siglo XVIII; el museo colonial de San Francisco, que atesora numerosos objetos usados por los franciscanos y, especialmente, el Museo Arqueológico, con más de 25.000 piezas diferentes culturas prehispánicas del Norte Chico de Chile y colecciones arqueológicas de las culturas pre agrícolas y agro alfareras de Coquimbo y de la vecina región de Atacama.

Podría completar el recorrido con una caminata por el barrio Inglés de Coquimbo, especialmente al atardecer, para disfrutar de las antiguas casonas inglesas de principios del siglo XIX, las calles empedradas y los muchos pubs, restaurantes y discotecas que reviven al barrio cada noche, con músicos callejeros y hasta mercaditos vintage.

La zona fue puesta en valor hace no tanto, y hoy en muchas de las antiguas casas que solían habitar los ingleses se instalaron tiendas que ofrecen desde los mejores vinos de Chile hasta chocolates, tabaco, obras de arte y artesanías. Y como valor agregado, está junto al puerto, que se suele poblar de pelícanos que, cuando va cayendo el sol, dan un espectáculo con sus zambullidas, junto a las coloridas barcazas de pescadores que salen muy temprano y al mediodía están de regreso, salpicando de amarillo y rojo las aguas azules.

Y no se vaya sin subir a la cima de la impresionante Cruz del Tercer Milenio, que tiene 93 metros y está en la cima del cerro El Vigía, a pocos metros del mar. Fue inaugurada en 2001 y tiene tres niveles: en el primero está el área de culto, con la capilla mayor (allí hay obsequios enviados por el papa Juan Pablo II, que visitó Coquimbo en 1987), un museo y una muestra de fotos sobre la construcción e inauguración. En el segundo, una plaza dedicada a la oración, con diez columnas que representan los diez mandamientos y una réplica en bronce de La Piedad, de Miguel Ángel. En el tercer nivel está el primer mirador, a 20 metros, y en el último piso, el mirador principal, a 60 metros sobre el suelo de acceso al monumento y una altura total, sumada a la del cerro, de 201 metros sobre el nivel del mar: gran vista panorámica a la bahía de Coquimbo y La Serena.

Pisco, poemas y energía cósmica

Una de las excursiones recomendables para hacer desde La Serena es a la reserva de pingüinos de Humboldt, en las islas Damas, Choros y Chañaral. Desde Punta Choros, unos 110 km al norte de la ciudad, parten las embarcaciones que llevan a la isla, en navegaciones que suelen ir escoltadas por delfines saltarines. También se ven lobos marinos, gran variedad aves y el pingüino que le da nombre a la reserva. La isla tiene, además, hermosas playas de arena sobre aguas de un llamativo color turquesa.

Pero ahora nos vamos para el otro lado: a las montañas, que aquí están tan cerca del mar. Tomando la ruta 41 hacia el oeste, y luego de pasar por el zoológico de La Serena y el aeropuerto, vamos entrando al Valle del Elqui: algo más de 100 km de largo, con sus bifurcaciones y valles adyacentes, que se van internando en el corazón de la Cordillera, entre cerros marrones y ocres y plantaciones de vides y papayas regadas con las aguas del río Elqui y sus afluentes, y del embalse Puclaro, donde se practican deportes náuticos.

Cuatro principales atractivos llevan a miles de turistas a este valle encantado: las pisqueras -aquí se encuentran varias de las elaboradoras de pisco más famosas de Chile-, Gabriela Mistral -por estos pueblos vivió y dejó sus recuerdos la poetisa que fue Premio Nobel en 1945-, los observatorios astronómicos -ver Imperdible- y la energía: para muchos, este valle es un polo energético y asociado a los OVNIS, así que andando por allí se cruzará con más de un centro de yoga, meditación y esoterismo.

Es aquí donde nació Gabriela Mistral -en Vicuña, para ser exactos-, y en todo el valle se la homenajea con una Ruta Patrimonial compuesta por seis tramos, que van desde La Serena y Coquimbo hasta Pisco Elqui. Son unos 150 kilómetros con 19 hitos, entre ellos la casa natal, sus primeras escuelas, la casa-escuela donde vivió y enseñó, y varios pequeños poblados rurales que mantienen mucho del entorno que la inspiró.

En el pequeño pueblo de Montegrande, ese que en una de sus cartas ella nombra como su “lugar de origen”, la poetisa pasó parte de su infancia, y allí fue enterrada. En la pequeña casa-escuela, convertida en un modesto y encantador museo, se puede ver la sala en la que dio de clases, el patio, el dormitorio que compartió con su hermana y su madre y la oficina de correos.

Y en Vicuña está el Museo Gabriela Mistral, que atesora más de mil volúmenes de la biblioteca personal de la escritora y muchos otros donados por particulares, además de objetos que la acompañaron en su vida, cartas y fotos, exhibiciones permanentes y temporales.

En todo el recorrido por el valle podrá visitar, además, algunas pisqueras famosas, como Norte, Capel, Mistral, Tres Erres o Artesanos de Cochiguaz, donde se puede conocer en detalle el proceso de elaboración del pisco y degustarlo en sus distintas variedades: común, especial, reserva, sour, licor de lúcuma, toffe cream, chicha de uva, cóctel de chirimoya, mango colada y el popular cola de mono, un cóctel hecho con aguardiente, leche, café, azúcar y especias.

¿Y el shopping?, quizás ande preguntándose a esta altura. No se preocupe, aquí también hay “harto” para comprar. Por ejemplo, el mall Vivo de Coquimbo, con todas las marcas que puede encontrar en los malls, y apenas un par de cuadras hasta el vivo Outlet Peñuelas, un centro comercial a cielo abierto al cual, le cuento de paso, muchos argentinos van a comprar sábanas, aunque hay muchos productos a buenos precios.

Aunque el principal centro comercial es el Mall Plaza La Serena, uno de esos enormes shoppings con dos grandes tiendas por departamento más otros 70 locales, seis salas de cine, zona de juegos infantiles, restaurantes varios y hasta escaleras mecánicas a cielo abierto que, al mejor estilo Las Vegas, ayudan a cruzar por un puente la avenida Huanhuali.

Si puede, quizás ya de regreso hacia Santiago, hágase un tiempo para visitar, en Ovalle, el Parque Nacional Bosque de Fray Jorge, un sorprendente bosque húmedo de 30 mil años de edad, que es propio del sur de Chile pero, curiosamente, está ubicado en pleno semidesierto, con una gran biodiversidad de flora y fauna. Fue declarado Reserva de la Biósfera y también Reserva Starlight, por su cielo nocturno. Si pasa al atardecer, aproveche para sentarse un minutito y disfrutar una vez más del cielo más limpio del mundo.

IMPERDIBLE

La ruta de las estrellas y el eclipse de 2019

Anote la fecha: 2 de julio de 2019. Ese día la zona del Valle del Elqui será el mejor lugar del mundo para ver el eclipse total de sol, y Vicuña ya está recibiendo reservas para ver el fenómeno. Entonces la zona será, más que nunca, el centro del astroturismo mundial. Porque, con sus más de 300 noches despejadas al año y un cielo que se considera “el más limpio del planeta” junto con el de Atacama, la región de Coquimbo se ha convertido en la ‘estrella’, del astroturismo no sólo de Chile, sino de todo el Hemisferio Sur. Es más, el pueblo de Vicuña es considerado “Capital mundial del turismo astronómico”.

Los valles de Coquimbo concentran el 50% de la oferta astroturística del país con un circuito de 15 observatorios turísticos y excursiones como senderismo, trekking, cabalgatas o cenas nocturnas, que incluyen observación y explicaciones del cosmos, para descubrir estrellas, planetas, constelaciones o nebulosas mientras se cena, nunca mejor dicho, “a la luz de las estrellas”.

Hay muchos observatorios científicos (como Cerro Tololo, La Silla o Las Campanas) que se visitan durante el día para ver las instalaciones, y varios directamente turísticos. La mayoría están en Valle del Elqui, como Alfa Aldea, El Molle, El Pangue, el Gran Observatorio Solar De Chile y Mamalluca (en Vicuña); Elqui Domos, Cancana, Cielo Sur y Chakana (Paihuano), pero también hay en otras zonas, como Cruz del Sur (Combarbalá), Hacienda Los Andes (Río Hurtado), Valle del Sol (Monte Patria), Collowara (Andacollo), Casino de Ovalle (Ovalle) y Cerro Mayu, a 26 km de La Serena.

Algunos datos interesantes: Cruz del Sur es el complejo astro-turístico más grande de Sudamérica, con cuatro cúpulas dispuestas como la constelación. El Gran Observatorio Solar de Chile (GOSCh) es el primero turístico del Hemisferio Sur dedicado exclusivamente a la observación solar. Y el de Mamalluca, en Vicuña, es el más visitado del mundo, con unos 60.000 turistas al año.

MINIGUÍA

Cómo llegar. Desde Buenos Aires son 1.800 kilómetros cruzando por paso Los Libertadores, en Mendoza. Se ingresa a Chile por la ruta 60 y a la altura de la Calera se toma la Ruta 5 hacia el norte (autopista con peaje). También se puede cruzar por paso Agua Negra, en San Juan, que sale directo al Valle del Elqui, aunque hay varios km de ripio en no muy buen estado.

Fuente: clarin.com

WTM Latin America 2018

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