Barcelona, la segunda ciudad en importancia de España es muy conocida por muchas razones, como por ejemplo Las Ramblas, La Sagrada Familia, los edificios modernistas de Gaudí, Güell y Jujol; el puerto de cruceros, el Barça F.C., su parque acuario y un largo etcétera. Innumerables atractivos y una altísima calidad de servicios la han convertido en la más europea de las ciudades españolas. Sin embargo es poco conocida, más bien casi totalmente desconocida por sus celebraciones de Semana Santa, pues en realidad solo realizan dos procesiones, la del Domingo de Ramos y la del Viernes Santo. Estas por supuesto no tienen la fastuosidad que tienen las procesiones de Sevilla, pero si tienen la misma majestuosidad, rigor y tradición.

Cualquier turista que esté por esas fechas en Barcelona, no debería perderse esta experiencia, no solo por ser testigo de esta antigua tradición, sino también por el recorrido que hace la procesión del Viernes Santo.

Ella parte de la Iglesia de San Agustín, los fieles esperan en la plaza del mismo nombre, frente a la iglesia, ubicada a solo cuadra y media de La Rambla. Pasa a un lado del famoso Mercado de la Boquería, sube por La Rambla para luego, dos calles más adelante, doblar a la derecha e internarse en el Barrio Gótico, en la Barcelona Medieval. En otras palabras, la procesión recorre iconos del centro de la ciudad como lo son el Mercado de la Boquería, La Rambla y el Barrio Gótico, para concluir en la plaza frente a la Catedral. Es un recorrido mágico, lleno de historia, arquitectura y tradición.

Es un trayecto relativamente corto, que en condiciones normales no tomaría más de 15 minutos, sin embargo, el paso lento y sereno de los cofrades, las paradas de descanso y los múltiples vítores que los presentes le lanzan a La Macarena lo convierten en una peregrinación de 3 horas de duración hasta la Catedral . Una vez ahí se celebran diversos actos antes para emprender las tres horas del camino de regreso hasta la iglesia de donde partieron.

Quien vaya como turista y no como devoto luego de presenciar parte del recorrido, puede aprovechar y adelantarse hasta la plaza de la Catedral, donde se celebra el Viacrucis de manera simultánea con la procesión, o verla desde distintas partes del recorrido o simplemente sentarse a tomar algo en la terraza de alguno de los muchos cafés y bares que hay a lo largo del recorrido mientras observa a los fieles en su devoción.

Esta actividad es tan poco conocida, que toma por sorpresa a muchos visitantes, quienes ajenos a todo esto, pasean tranquilamente por la ciudad como si fue cualquier otro dia. Turistas de la Europa del norte, donde este tipo de manifestaciones multitudinarias de fe son desconocidas, no pueden disimular su asombro ante lo que están presenciando y enseguida toman su cámara para guardar el recuerdo. Combinar esta experiencia con una visita a Tarragona, donde hay celebraciones toda la semana, le dará al turista una aproximación muy cercana a las famosas procesiones de Sevilla, solo que con un clima más fresco y sin los tumultos que dificulten el observar y disfrutar esta enriquecedora vivencia.

Alberto Aristeguieta

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