En la medida en que las fronteras entre el trabajo y la vida personal se desdibujan, de la mano de la tecnología móvil, el espacio laboral se reinventa

Hace seis meses una directora de la firma internacional de arquitectura Perkins + Will Global confesó a la revista Fortune que las oficinas ya no se diseñan para jornadas de 8 horas, ahora están pensadas para que la gente produzca durante 24 horas los siete días de la semana.

Esto no hace más que poner en negro sobre blanco que la tecnología móvil disolvió el límite entre trabajo y vida personal.

En el mismo sentido, una encuesta de la American Psychological Association determinó que más del 50% de los trabajadores estadounidenses revisan sus emails laborales antes de ir al trabajo, después del trabajo y los fines de semana.

En síntesis, la oficina del futuro ya no será un espacio concreto en un lugar determinado de la ciudad, se extenderá a los bares, los livings y la cama de los empleados.

Esta tendencia se complementará con una gigantesca "simulación" de libertad y diversión que ya se puede ver en las empresas de tecnología.

El truco se perfecciona cuando la arquitectura corporativa empieza a imponer la estética de los hogares en las oficinas.

Asimismo, se desarrollaron nuevas maneras de medir la productividad de los empleados, así estos estén en el ámbito de trabajo o en sus casas.

Las computadoras portátiles, los teléfonos inteligentes y las herramientas de comunicación como Slack hacen más fácil que nunca verificar el rendimiento de los empleados, dándole menos importancia al dónde que al cuándo y al cómo se hace el trabajo.

La próxima generación de oficinas traerá más variedad de espacios que nunca. Combinarán despachos privados, oficinas para reuniones, escritorios en cubículos de paredes bajas y largas mesas abiertas con lugares para computadoras móviles.

Pero lo que realmente nuevo serán las áreas informales tipo livings y cafeterías, combinadas con cuartos aislados para cuando los colaboradores necesiten concentrarse o hacer una llamada telefónica.

Para agilizar los tiempos de debate, desaparecerán las sillas en las salas de reuniones. Y si bien el concepto de un escritorio personal está muriendo, en compensación, proliferarán los livings y lounges, para trabajar más sin darse cuenta. Y contento.

Un estudio realizado por la firma internacional Gensler Architects descubrió que en 2013, los trabajadores pasaron el 54% de su tiempo en tareas de mayor concentración individual, frente al 48% que destinaban en 2008. Sin embargo, las oficinas abiertas de hoy aseguran muy poca privacidad.

La oficina de plata abierta no es nueva. Fue inventada en la década del 50 en Alemania, basada en la presunción de que eso elevaría la productividad y la creatividad. Pero no funcionó así.

Lo que ocurrió fueron mayores índices de contagio de enfermedades, ausentismo, menor productividad y poca sensación de bienestar entre los empleados.

Así se dio paso al sistema de los famosos cubículos de paredes bajas, inventado en 1964 por el director ejecutivo de Herman Miller, Robert Propst. Parecía la solución perfecta para darle intimidad a los empleados de menor jerarquía.

A medida que la iniciativa se popularizaba, los cubículos se fueron reduciendo en tamaño y calidad, transformándose en filas infinitas de cajas grises.

Irónicamente, para escapar a esa repetición monótona y rutinaria de los cubículos se regreso a las oficinas de los 50.

Durante la última década, el revival llegó a las empresas de tecnología como un símbolo del trabajo informal y creativo. Después pasó a las oficinas de publicidad, los medios de comunicación y los estudios de arquitectura.

Matthew Davis, un psicólogo ocupacional que estudia diseño de oficinas, determinó que al eliminar los divisores de los cubículos, el espacio exclusivo de cada empleado cayó de 3 metros cuadrado a menos de uno. Es decir, eliminar los cubículos le ahorró dinero a las empresas, y les permitió tener mayor cantidad de personas en un mismo espacio.

Fuente: iProfesional

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