Los expertos manejan diversas teorías sobre la eficacia de esta forma de comunicación en el ámbito laboral. Algunos la consideran una pérdida de tiempo 

Los correos electrónicos fuera de hora y sin relevancia se cuentan entre los principales "ladrones de tiempo" en el lugar de trabajo, casi a la par con las reuniones inútiles e improductivas.

Esta "plaga" de emails irrelevantes se combate en cada vez más países con las iniciativas que defienden el derecho a la desconexión.

La compañía automovilística Porsche decidió a fines de 2017 borrar o devolver a sus remitentes los correos electrónicos que sus empleados reciban fuera del horario laboral.

En Alemania, el sindicato IGMetall de Volkswagen ya había impulsado una regulación para favorecer que, durante unas horas al día, los trabajadores dejaran de recibir correos electrónicos o llamadas telefónicas relacionados con el trabajo, según recordó Expansión.

El debate se popularizó sobre todo desde que en Francia entrara en vigor la iniciativa que fija las modalidades del pleno ejercicio del derecho del asalariado a la desconexión, y la puesta en marcha por la empresa de dispositivos de regulación de la utilización de herramientas digitales.

Todo sea por la eficacia de los correos electrónicos y que éstos tengan sentido. Algunos expertos se jactan de conocer en profundidad los hábitos de los usuarios y las consecuencias de estos correos electrónicos.

Inc.com reflejó recientemente el caso de la compañía de venta online Yesware, que presume de haber realizado un trabajo de campo con 386 millones de cuentas de correo electrónico en todo el mundo, lo que le permite concluir como norma general que para que un email sea efectivo, lo mejor es "enviarlo en el momento en el que menos gente esté lanzando correos electrónicos". Y eso ocurre los domingos por la tarde.

Además, blandiendo los millones de usuarios analizados, se permiten afirmar que el mes menos productivo, en lo que a envío de emails se refiere, es diciembre.

Los expertos creen que es posible reducir drásticamente la cantidad de correos electrónicos que enviamos (y recibimos) y que esto no afecte a nuestra productividad y tampoco a nuestras relaciones profesionales.

Cuando se supera la obsesión de que la bandeja de entrada debe estar vacía, es más fácil centrarse en las tareas que son más importantes para nuestro éxito profesional.

Una sugerencia es decidir cuánto tiempo queremos emplear en el correo electrónico, estableciendo reglas y filtros que reduzcan la bandeja de entrada a un volumen manejable, indicó Expansión.

La idea es que en vez de tratar los mensajes que llegan como algo absolutamente central, es posible priorizar los objetivos profesionales, usando las herramientas de colaboración para contactar con la gente e intercambiar la información que se estima oportuna.

Fuente: iprofesional.com

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