Si el gigante americano impone su política de visados, la entrada de turistas estadounidenses a la UE podría bajar un 5% y afectar esencialmente a España, Francia, Alemania o Italia.

La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca ha supuesto cierto enfriamiento de las relaciones con la Unión Europea. El carácter proteccionista del presidente y los refuerzos en materia de seguridad podrían derivar en medidas más restrictivas a la hora de conceder visados, lo que afectaría al turismo. Además, la amenaza terrorista ha motivado el endurecimiento del control de las fronteras. Por esta misma razón se está planteando ampliar los controles internos en el espacio Schengen.

Por Lidia Soria (Bruselas)

Actualmente, los viajeros con pasaporte de países de la UE pueden visitar EE UU por un período máximo de 90 días sin necesidad de solicitar un visado: así lo hacen aproximadamente 14 millones de europeos anualmente. Sin embargo, el terror a la vuelta al Viejo Continente de posibles terroristas relacionados con el Estado Islámico (EI) desde zonas de guerra como Siria o Irak, pero con nacionalidad europea, ha hecho que EE UU se plantee ahora una revisión de ese programa para evitar que alguno de esos terroristas pueda entrar a su territorio desde algún país de la UE.

Desde Bruselas, la sola mención por parte de Donald Trump hizo saltar todas las alarmas y, un tanto tarde, se puso de relieve que EE UU tampoco cumple el acuerdo de reciprocidad. De hecho, Washington no solo no trata de forma igualitaria a todos los países europeos en materia de emisión de visados (los ciudadanos de cinco de ellos lo necesitan: Bulgaria, Croacia, Chipre, Bulgaria y Polonia), sino que además amenaza con eliminar la exención que ahora aplica a los otros 23 que completan la actual UE. Una pancarta contraria al veto migratorio. Ante tal postura, el Parlamento Europeo aprobó una resolución no vinculante para presionar al país americano con la misma moneda: la emisión de visas para sus ciudadanos. Así, pide a la Comisión Europea que revise el programa de exención de visados a los estadounidenses que quieran viajar a Europa, al no cumplir EE UU el acuerdo de reciprocidad, y pide a Washington que conceda el mismo acceso sin visado a todos los ciudadanos de la UE, ya que las normas europeas exigen igualdad de trato para todos los Estados miembros sin distinción: “La Comisión Europea (CE) está legalmente obligada a tomar medidas para reintroducir temporalmente una obligación de visa para los ciudadanos de EE UU, dado que Washington rehúsa dar acceso a su territorio sin visa a los ciudadanos de cinco países de la UE”, señala un comunicado del Parlamento. Todavía hoy seis países del espacio Schengen aplican controles en fronteras internas Por su parte, la jefa de la diplomacia europea, Federica Mogherini, en alusión a las declaraciones intervencionistas de Trump, ha afirmado: “Nosotros no interferimos en la política de EE UU… y los europeos esperan que EE UU tampoco interfiera en la política europea”.

EL ENDURECIMIENTO COMO REALIDAD

Esta guerra de visas supondría un gasto desorbitado, así como importantes pérdidas para ambas regiones por el impacto negativo en el turismo. La imposición de visados a ciudadanos de EE UU podría reducir el turismo al menos en un 5%, con especial impacto en países como España, Francia, Alemania e Italia, según un informe de la CE. Si dejase de aplicarse la exención de visado a todos los europeos, el gasto en ellos podría ascender al año a 2.500 millones de euros. Pero lo cierto es que EE UU está endureciendo las condiciones para obtener una visa. Por un lado, para las renovaciones de las ya concedidas, los solicitantes tendrán que volver a pasar por una entrevista y, en el caso de que hubieran cambiado de planes en los tres primeros meses respecto a los transmitidos a los funcionarios consulares, se podría considerar que ha habido una mentira deliberada y no se produciría la renovación. Con esta medida, el país norteamericano quiere evitar la entrada de ciudadanos con visa de turista que quieren trabajar, estudiar o incluso obtener la residencia a través del matrimonio. Asimismo, en el caso de que la visa no fuera renovada, si el ciudadano en cuestión sigue en territorio americano podría entrar directamente en un proceso de deportación.

Esta nueva regla afectaría principalmente a quienes provengan de Oriente Próximo, África y Asia, y en principio no se pondrá en práctica para ciudadanos de 38 países –principalmente de Europa, Australia, Nueva Zelanda y Japón– que no necesitan un plan concreto de viaje antes de ingresar en EE UU. Pincha en la imagen si quieres ampliarla. Con otros países ha ido más lejos. Trump ha tratado de restringir la entrada a ciudadanos de seis países de clara mayoría musulmana: Siria, Irán, Libia, Yemen, Somalia y Chad, aunque esta medida aún permanece parcialmente bloqueada en los tribunales. Y, para seguir con la línea de controlar al 100% la emisión de visados, también ha propuesto acabar con el sistema de lotería que cada año abre el país para ofrecer tarjetas de residencia por sorteo, conocidas como Green Cards. Gracias a este sistema, unas 50.000 personas obtienen cada año una tarjeta de residencia. Las declaraciones del presidente de EE UU se dieron después de que se filtrara que el supuesto responsable del último atentado en Nueva York entró al país precisamente por este sistema hace siete años. Trump ha pedido al Congreso que se acabe este programa y se sustituya por otro que se base en un sistema de méritos.

LA UE AMPLÍA CONTROLES EN SCHENGEN

Bajo el mismo pretexto de amenaza terrorista, desde Bruselas, la Comisión Europea propuso a finales de septiembre ampliar los controles internos en las fronteras de los países que conforman Schengen. La medida, que tendría que haber concluido en el mes de noviembre, se podrá prolongar hasta un máximo de tres años, ante las amenazas de tipo terrorista o migratorio que siguen vigentes. Así lo pedían países como Alemania, Austria, Dinamarca, Francia o Noruega. Con la normativa actual, los países que lo desean pueden aplicar controles fronterizos que duren desde un mes hasta dos años en casos excepcionales. Ahora la propuesta es ir más allá y, ante casos de grave amenaza pública, se pueden levantar las fronteras hasta tres años si se considera que la amenaza a la seguridad tiene un carácter persistente. La Comisión quiere que esta medida se utilice tan solo como último recurso porque afecta a uno de los grandes pilares de la Unión Europea, como es la libre circulación de personas. Sin embargo, cuando todo apuntaba a que en el mes de noviembre terminarían los controles que se introdujeron por la llegada masiva de refugiados, Bruselas considera que sigue habiendo motivos para ampliar dichos controles, tanto por el lado del flujo migratorio como por las amenazas terroristas transfronterizas que atentan de forma grave contra la seguridad interna de los países europeos. Actualmente, seis países del espacio Schengen aplican controles en fronteras internas: Francia, tras los atentados de París en noviembre de 2015, y Alemania, Austria, Dinamarca, Suecia y Noruega desde 2016 para afrontar los flujos migratorios. Control de pasaportes biométricos en un aeropuerto

DATOS BIOMÉTRICOS

En cuanto a las fronteras exteriores de la UE, el conjunto de miembros aprobó un nuevo sistema electrónico para registrar la entrada y salida, reforzando así el control de los ciudadanos no comunitarios por la frontera exterior. No se hará de forma inmediata: habrá que esperar a 2020 para que todas aquellas personas que no pertenezcan a Europa, necesiten o no visado para entrar, queden registradas en un sistema en el que figure nombre, pasaporte, huellas dactilares y datos biométricos, así como la fecha y el lugar de entrada. En caso de denegación también quedaría reflejado. 

Los datos pasarán a formar parte de una base con la que se podrán cruzar datos a nivel europeo e incluirá a organizaciones como Interpol. Con este sistema será más rápida la identificación de personas que viajen con documentación falsa o llegar a reconocer posibles terroristas. Al sistema también accederán las autoridades en frontera y quienes conceden los visados. TIRA Y AFLOJA EE UU-TURQUÍA La guerra de visas se vio claramente en un conflicto diplomático entre estos dos países. Todo empezó cuando el Gobierno turco arrestó a un empleado del Consulado General de EE UU en Estambul por sus supuestos vínculos con el fallido golpe de Estado de julio de 2016. Hasta noviembre de 2017 –cuando el Gobierno de Trump ha considerado que tenía garantías de alto nivel– no se ha vuelto a recuperar la emisión de visados de forma limitada. El acuerdo pasa por que el personal estadounidense no pueda ser detenido o arrestado por realizar su trabajo y las autoridades turcas tengan que informar previamente al Gobierno de Trump de su intención de detener o arrestar a un trabajador estadounidense en un futuro. Una vez EE UU reanudó la emisión de visados, Turquía hizo lo propio.

Además de ayudar a la lucha antiterrorista, permitirá reducir los retrasos que se producen en los controles fronterizos y mejorar el proceso de verificación de estancias de cada viajero, gracias a un cálculo automático. Los datos se conservarán durante cinco años para quienes superen el periodo de estancia permitido y de tres años para el resto, con fines de gestión de fronteras. En el sistema participarán todos los países que integran el espacio sin fronteras Schengen y también Rumanía y Bulgaria que, aunque todavía no son territorio Schengen, han conseguido pasar la evaluación. “El sistema contribuirá a mejorar los controles en las fronteras exteriores, a identificar mejor a las personas que rebasan la duración de estancia autorizada y a reforzar la lucha contra el terrorismo”, ha expuesto el ministro del Interior estonio, Andres Anvelt, cuyo país presidió la UE durante el segundo semestre de 2017. EXENCIÓN DE VISADOS PARA UCRANIA

Desde este verano, los ciudadanos de Ucrania pueden entrar en la UE sin necesidad de visados siempre que dispongan de pasaportes biométricos. La exención funciona para estancias de 90 días, bien por viajes de turismo o de negocios, pero no para trabajar. Para el país, sin embargo, es un gran y ansiado avance que le aleja de Rusia, lo acerca un poco más a Europa y lo pone en el camino de cara a una eventual entrada en la Unión. Según los expertos, con esta medida el turismo ucraniano hacia los países europeos aumentará entre un 5% y un 10% y se descartan problemas migratorios para la UE debido a la exención de visados. Mientras los ucranianos celebraban la medida en la plaza de Europa de Kiev, desde Rusia se miraba con recelo porque el país pide desde hace tiempo a la UE esa misma exención sin que se hayan dado avances: la supuesta intervención rusa en el este de Ucrania y la anexión de Crimea aumentaron la tensión entre Moscú y Bruselas y desde 2014 se han establecido prohibiciones de visados y bloqueo de activos.

La eurodiputada del Partido Popular Europeo Mariya Gabriel señaló que los ucranianos merecen viajar libremente de forma inmediata a la UE: “Ucrania ha cumplido todos los requisitos establecidos e incluso ha ido más allá de las expectativas. Reafirmamos el principio de que todos los países que cumplan los criterios establecidos por la Comisión Europea deberían beneficiarse de la exención de visado para sus ciudadanos. Ha llegado el momento de que el Consejo Europeo genere resultados”, indicó. “La exención de visa es una herramienta notable que permite a las personas conectarse y tender puentes entre las poblaciones. Por otro lado, es un mensaje potente para los ciudadanos que ven a su país involucrarse en tomar un camino europeo. No debemos olvidar que cuando hablamos de liberalización de visas estamos hablando de las libertades de los ciudadanos y de su vida”, concluyó.

Fuente: RevistaSavia.com

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