Con unas halagüeñas perspectivas de crecimiento, los viajes de los españoles en territorio nacional vuelven a los datos de antes de la crisis. Eso sí: ahora se reparten más a lo largo del año, se tiende a opciones alojativas más asequibles y parte de ellos vendrán marcados por los ‘millennials’. Los nubarrones derivarían de la excesiva dependencia de determinados destinos. 

Por Francis Pachá

Los consabidos datos de turismo extranjero en España llenan titulares en todos los medios de comunicación. El Dorado de los números, ese cien millones de turistas no nacionales que se prevé podría alcanzar España para finales de 2018, sería así no solo una realidad, sino un destello sectorial tan grande en la retina porcentual del PIB que las otras piezas del damero turístico nacional (adecuación a nuevos mercados, madurez de destinos, obsolescencia de activos, desestacionalización, deslocalización…) pasarían a un segundo plano.

Dentro de esas piezas hay una que no solo siente con la precisión de una tela de araña cualquier vaivén económico, sino que supone la supervivencia de muchos destinos desde el punto de vista turístico: el turismo de los españoles dentro de España. Si partimos de los meros datos, la tendencia es positiva: tras años de caídas continuadas (del 1,3% en 2012, del 3,1% en 2013 y del 2,8% en 2014) hemos pasado a subidas del 4,7% en 2015, del 3,67% en 2016 y del 6,5% en el acumulado de los tres primeros trimestres de 2017. Es importante añadir dos detalles: en 2015 se produjo un cambio en el organismo de medición de estos datos, pasando de Turespaña al Instituto Nacional de Estadística (INE); y que, hasta el 23 de marzo, no se conocerán los resultados totales para 2017, aunque todos los indicadores muestran que serán, en prácticamente todos los casos, positivos.

Desde CEHAT se afirma que las pernoctaciones de los españoles han subido hasta un 25%

Sin embargo, casi una década de crisis económica ha supuesto varios cambios dentro de las costumbres viajeras de los españoles, e incluso ha aportado un elemento que no suele ser habitual: la llegada de una nueva generación al consumo, los millennials, crecida al calor de las vacas flacas y cuya filosofía sigue siendo la de viajar pero con las herramientas disponibles y con una cultura del disfrute, la colaboración y la recomendación absolutamente distinta.

VACACIONES SÍ O SÍ

Hay un hilo conductor remarcado por varias fuentes consultadas para este reportaje: los españoles siguen marchándose de vacaciones, independientemente de la situación económica. “La vacación nunca ha bajado en España, ni en los peores momentos de crisis”, señala Ramón Estalella, secretario general de la Confederación Española de Hoteles y Alojamientos Turísticos (CEHAT). “Sí es cierto que, durante la etapa de la crisis, se viajó menos a lo largo del año, pero la gente se marchaba igualmente”. Por su parte, Rubén José Pérez Redondo, profesor de la facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Rey Juan Carlos y especializado en Sociología Turística, añade: “Irse de vacaciones se ha convertido en una actividad casi irrenunciable, ya que desde la entrada en el nuevo milenio, la actividad turística se considera como una inversión en la calidad de vida de las personas. Por eso, en un contexto como el de la crisis, las personas prefirieron reducir o eliminar ciertos gastos (el vehículo, las reformas en el hogar, la ropa o las salidas a restaurantes), mientras que irse de vacaciones no fue lo prioritario en el recorte de actividades”.

De hecho, el profesor afirma que el turista residente de hoy en día prefiere seguir viajando a lugares más cercanos a su residencia que a los más lejanos en porcentaje muy similar al que existía ya antes de la crisis. El perfil demográfico es parecido, y se representa sobre todo por personas jóvenes-adultas de entre unos 30-40 años, con estudios universitarios y parejas con hijos en edad escolar que viven en entornos metropolitanos. Y, respecto al alojamiento, tanto antes como después de la crisis prefieren la utilización de viviendas de familiares o amigos para ello, seguidas de los hoteles. Lo que sí ha cambiado ha sido la opción del alquiler vacacional, un elemento disruptivo que ha modificado ciertas costumbres: “Esto puede ser debido al contexto de hiperprecariedad del segmento viajero joven estudiantil y posuniversitario que, o bien depende económicamente de terceros, o bien de los propios pero muy mermados y con empleos discontinuos, caracterizados por la temporalidad”. A este respecto, Estalella, desde CEHAT, reconoce que “durante la crisis, la gente iba más a la casa del pueblo que a un hotel. Ahora hay más dinero y el turista se mueve más y a más sitios. De hecho, los datos que maneja la Confederación establecen que el número de pernoctaciones en puentes han aumentado de dos a tres noches, mientras que en Semana Santa han subido de tres a cinco… Hablamos de incrementos de hasta el 25%”.

ESTACIONALIDAD Y LOCALIZACIÓN

Si el INE establece un crecimiento del turismo residente entre enero y septiembre de 2017 del 6,5%, Estalella maneja datos anuales para explicar que esa subida se ha situado en el 8%, y añade: “Hay que tener en cuenta que gran parte del turismo residente viaja a zonas de España a las que solo van españoles, y son esas las que realmente desestacionalizan. Si preguntas al interior de Asturias, a Extremadura o a Castilla-La Mancha, te dirán que este turismo es vital, ya que para ellos puede suponer un 50% o un 70%”. En cuanto a alojamientos, menciona un incremento muy leve en los hoteles de costa: “Es más, en algunas zonas ha disminuido, y eso se ha debido al turismo extranjero, ya que son opciones que se compran con mucha antelación por británicos, alemanes, franceses…

Por ello, los españoles han optado por irse a otras zonas de costa menos explotadas como Almería, Huelva o Castellón, que han tenido un incremento en este tipo de turismo, al igual que la costa de Cantabria o toda la gallega”. Mientras, en el interior se ha producido un importante incremento del turismo urbano, y no solo en grandes ciudades. Además, se ha observado un trasvase importante hacia el turismo relacionado con actividades de naturaleza o deportivas, y Estalella pone el ejemplo de cómo el tiempo empleado en hacer el Camino de Santiago por los españoles ha aumentado en los últimos años. De la misma opinión es el profesor Pérez Redondo: “No abandonamos el sol y playa que es propio de nuestra inercia y costumbre social, pero nos lanzamos a actividades y visitamos otros lugares como consecuencia de esa tendencia hacia la diversificación de experiencias únicas”.

También coinciden en la desestacionalización y cómo, aunque verano, Semana Santa y Navidad siguen siendo los periodos estrella, los puentes, los fines de semana o cada vez más salidas desperdigadas a lo largo de todo el año es algo común entre los residentes. En el origen de esta nueva costumbre, sin embargo, ambas fuentes divergen. Estalella afirma que ese positivo escenario deriva de la bajada del desempleo y del crecimiento económico. Para el profesor, tiene una relación directa, entre otras cuestiones, con las características del nuevo mercado laboral y con la cercanía aún de lo peor de la crisis: “Los empleos no están tan definidos linealmente y no consideran con tanta rigidez las vacaciones convencionales como se hacía con el empleo fijo, sino que se definen por la adaptación a un empleo discontinuo que tiene en cuenta las fechas que van surgiendo derivadas del cese de trabajos o turnos de actividad, en donde se concentran días continuados de empleo y días continuos de libranza”.

LOS EXTRANJEROS IMPONEN

Otra tendencia observada es que el turismo residente, en muchas ocasiones, se ve influido en su toma de decisiones vacacionales por el turismo que viene de fuera. Un informe de Exceltur (Perspectivas turísticas. Balance de la realidad turística y escenario de futuro) afirma que “el desbordante aumento del turismo extranjero hasta alcanzar la plena ocupación en muchos destinos, con la consecuente presión al alza de los precios y el abaratamiento del transporte”, ha derivado en dos acciones por parte del turista español: marcharse al extranjero (por los vuelos más baratos) u optar por productos y destinos nacionales más accesibles. Su reflejo: un crecimiento, dentro de la oferta alojativa reglada, de la demanda de un 6,9% en los apartamentos, de un 7% en los campings (cuyo crecimiento es ratificado desde la CEHAT), de un 7,4% en el turismo rural (datos para cuya comprobación Exceltur remite a la Encuesta de Ocupación del INE hasta octubre de 2017) y de un 9,8% en viviendas de alquiler (según la Encuesta de Turismo Residente de este organismo hasta septiembre). En cambio, sitúa la demanda hotelera de los españoles en un escaso 0,4% de crecimiento, “muy condicionado por la situación de los destinos vacacionales y la fuerte demanda de turoperadores extranjeros”.

¿Y LAS AGENCIAS DE VIAJE?

También muchos españoles recalan en las agencias de viajes para gestionar sus vacaciones y, tras la crisis, no solo estos establecimientos remontan en general (ver la sección ANÁLISIS de este número de SAVIA), sino también la compra de paquetes turísticos. Según el Segundo informe estratégico de las agencias de viajes, en colaboración entre ACAVe y Amadeus IT Group y realizado por el Laboratorio AQR de la Universidad de Barcelona, el principal destino de los españoles, tanto en leisure como en negocios, es nuestro país: “De acuerdo con este estudio, en 2016 las agencias gestionaron más de 24 millones de viajes a España, y la tendencia en 2017 ha sido de crecimiento también”, afirma Martí Sarrate, presidente de ACAVe.

ACAVe sitúa en un 9% la subida en gasto en paquetes turísticos por los españoles en 2017

Así, las agencias gestionaron nueve millones de paquetes turísticos durante 2016, cifra que Sarrate corrobora con la ofrecida por el INE, ya que reflejan un crecimiento de casi “el 9% de gasto en paquetes turísticos, un ascenso producido tanto por el aumento del número de reservas realizadas como por el presupuesto destinado a viajes”. Sarrate ofrece otros datos alentadores respecto al turismo nacional, esta vez, en clave business: “El MICE y el segmento corporate en general, durante los años de crisis, tuvo un comportamiento más estable, y ahora, con la recuperación económica, también ha experimentado un crecimiento. Según el informe mencionado, del total de viajes de negocios realizados, un 22,6% corresponde al MICE y el 85% de esos viajes son contratados con las agencias. Se trata de un turismo de alto nivel para el sector y el territorio”.

¿QUÉ OCURRIRÁ EN 2018?

Las perspectivas para este año son buenas tanto desde el punto de vista de CEHAT en alojamientos, de ACAVe en agencias, del profesor Pérez Redondo en general e incluso del informe Exceltur: prevé un 2018 con crecimiento generalizado en todos los subsectores de la cadena de valor turística, con una subida del 5,3% para el sector en general y del 5,4% en alojamientos, del 5,7% en el sector transportes, del 3,9% en el alquiler de vehículos o del 5% en las agencias de viajes y turoperadores.

Sin embargo, algunos nubarrones podrían cernirse: según Exceltur, el positivo escenario económico previsto para los hogares y empresas beneficiará el consumo turístico de los españoles en sus desplazamientos, aunque con un menor dinamismo en su gasto, achacable a que la renta disponible de las familias para viajes y desplazamientos en 2018 se verá mermada por el agotamiento de los estímulos fiscales y la menor creación de empleo y con subidas previstas de los precios de los carburantes. Ese menor dinamismo “se refleja ya en las expectativas empresariales de los destinos turísticos españoles más dependientes de la demanda interna, que son más cautas [en sus perspectivas de crecimiento], es decir, norte de España y Comunidades Autónomas del interior”.

Fuente: revistasavia.com

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