Fotografía de la barandilla de La Concha durante un atardecer en San Sebastián. (EFE)

Más de 7.300 personas se han apuntado al sorteo municipal para lograr uno de los 225 módulos de este símbolo donostiarra que fueron colocados en 1916 y que han sido sustituidos por unos nuevos

El que es un pedazo de historia viva de San Sebastián, un tramo de la Barandilla de La Concha original de 1916, estaba llamada a acabar en el chatarrero por efecto del inexorable paso del tiempo que había obligado a su reemplazamiento como vigilante de la bahía donostiarra. Pero dentro del Gobierno municipal surgió una voz: “Igual le interesa a algún donostiarra por su valor simbólico”. Este comentario instintivo traspasó las fronteras de la opinión particular y sumó el apoyo unánime del ayuntamiento. Aceptado el qué, faltaba el cómo. En un principio se pensó en una subasta, pero al final se descartó esta posibilidad y se apostó por un sorteo para asignar los 225 trozos disponibles.

Y eso que había serias dudas de la fórmula elegida. “¿Y si nadie quiere pugnar por un trozo?” se preguntaban a tenor de que, más allá del valor simbólico de la barandilla de La Concha, 80 centímetros de ancho y 50 kilos de peso no son a priori valores atractivos para un hogar particular. Pero las incertidumbres pronto se disiparon. Ya solo en las primeras 24 horas de inscripción al sorteo se habían registrado más de un millar de solicitudes. De hecho, el furor que ha causado esta rifa, a la que se han presentado un total de 7.389 personas mayores de 18 años, casi un 4% de la ciudadanía donostiarra, ha dejado fuera del sorteo a aquellos aspirantes que no están empadronados en la ciudad.

El Ayuntamiento había contemplado la posibilidad de que personas nacidas en San Sebastián pero que no están empadronadas en la ciudad pudieran tener acceso al que es el emblema donostiarra por excelencia en caso de que el sorteo no cuajara entre los residentes en la capital guipuzcoana. Pero esta vía quedó cerrada a las primeras de cambio para las 407 solicitudes procedentes de fuera de la ciudad. Ahora, el bombo contendrá los nombres de 6.982 donostiarras de cara a la cita del próximo 20 de julio. Esto es, una media de 31 aspirantes para cada trozo.

El Gobierno municipal no quiere hacer negocio con estos módulos, que corresponden a los tramos de la barandilla sustituidos el pasado invierno entre el Hotel Londres y la Perla, y que fueron inaugurados por Alfonso XIII. Por ello, el precio de 145 euros por cada unidad se ajusta a “los gastos de preparación del módulo para su entrega”, ya que hay que cortar cada tramo de barandilla en los cinco trozos de los que se compone y colocar el pasamanos que fue desmontado para mantener su estado original. Eso sí, los módulos se entregarán “en el estado tal cual haya resultado del desmontaje”, con lo que, según advierte el ayuntamiento, “no se hará ningún trabajo de eliminación de posibles óxidos, rebaba, ni pintura”.

No quiere hacer negocio pero tampoco que los agraciados hagan dinero con la barandilla. De este modo, el consistorio obligará a los 225 afortunados a firmar un documento en el que se comprometen por escrito a no comercializar este símbolo donostiarra, y cuya propiedad intelectual es del Ayuntamiento. Así, si una de las personas que se hace con una de las unidades quiere desprenderse de ella con el paso del tiempo deberá devolverla al consistorio al tratarse de una “cesión gratuita” –el coste de 145 euros es por “trocear y poner a disposición los tramos de barandilla”, remarcan desde el Gobierno municipal–.

No se trata de meras palabras. El ayuntamiento advierte de que estará “vigilante” para que no se mercadee con unos elementos que tienen un “gran valor sentimental” para muchos ciudadanos, sin descartar la posibilidad de emprender acciones legales contra quienes busquen hacer negocio. El elevado coste por encargar una réplica a una empresa especializada por cuenta personal –la barandilla no tiene copyright– hace que los 145 euros sean una ganga.

Una persona hace una foto junto a la barandilla de La Concha en una jornada de nieve. (EFE)

El alcalde, Eneko Goia (PNV), que también tomará parte en el sorteo, se muestra “orgulloso” de la respuesta que ha tenido esta iniciativa a la que no faltaron detractores. “El número de personas que se han apuntado al sorteo viene a ratificar que era una buena idea el sorteo porque se ve que hay un interés de los donostiarras por hacerse con un trozo de este símbolo tan preciado. La respuesta demuestra que, en vez de tirar a la chatarra los trozos que se iban a sustituir, era mejor dar la opción de comprarlos”, remarca el regidor ‘jeltzale’.

En todo caso, no toda la barandilla de La Concha que ha sido sustituida va a entrar en el bombo. El ayuntamiento ha cedido 100 metros al Consistorio de Lepe al atender la solicitud del propio municipio andaluz, que va a colocar este emblema donostiarra en la playa de La Antilla con el compromiso de que este tramo pase a denominarse paseo de San Sebastián. Igualmente, el consistorio se ha quedado con algunos tramos.

Aún está pendiente por acometer la renovación de otros tramos de la barandilla, por lo que el Gobierno municipal no descarta volver a organizar un nuevo sorteo para asignar los módulos que se sustituyan. La reparación de la barandilla de La Concha va a contar con el respaldo económico del Estado, que ha asignado 1,5 millones de euros a este fin en los Presupuestos Generales del Estado (PGE) de 2018 a propuesta del PNV dentro de las enmiendas pactadas con el Ejecutivo de Mariano Rajoy para posibilitar el acuerdo presupuestario. En todo caso, esta partida está todavía en el aire ante la intención del PP de enmendar las cuentas en el Senado como respuesta al aval de la formación nacionalista a la moción de censura contra Rajoy que ha aupado a La Moncloa a Pedro Sánchez.

No hay donostiarra que no tenga una fotografía ante la barandilla de La Concha. Tampoco hay turista que entre sus recuerdos no se lleve una instantánea con este símbolo de la ciudad que saluda a la playa que le da nombre, la cual ha vuelto a ser elegida en 2018 por segundo año consecutivo como el mejor arenal de Europa, según la web de viajes TripAdvisor. La barandilla será este verano nuevamente objeto de las cámaras de miles de donostiarras y visitantes. Ya solo falta, como se ruega en la ciudad, que el tiempo acompañe. Y esto, visto lo visto, está muy caro a día de hoy. Con esto no hay negocio posible.

Fuente: El Confidencial

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