Así es la nueva Pacha Ibiza.

Así era, así es y así será. La discoteca más mítica de la isla empieza una nueva era con una reforma que devuelve el protagonismo a la pista.

Irene Crespo @irenecrespo_

Pacha es Ibiza. Ibiza es Pacha. La mítica discoteca, probablemente, uno de los clubs más famosos del mundo, ha crecido con la isla. La gente local la considera parte de ellos, es una vecina más, que lleva 45 años con ellos. Por eso, cuando el pasado invierno cerró por primera vez sus puertas, se extrañaron y la extrañaron. Pero Pacha Ibiza debía cerrar unos meses para volver a abrir rejuvenecida, mejorada, mirando en su pasado regresa pensando en un presente eufórico y en un futuro pletórico.

En mayo inauguró una nueva temporada en Pacha Ibiza, pero este verano 2018 no es cualquier verano. La discoteca miró hacia atrás, se volvió a su esencia, a sus orígenes y estrenó una reforma, diseñada por el arquitecto Juli Capella, que quería reforzar las raíces con la isla.

El blanco de sus paredes vs. la larga noche.

“Hemos intentado ser originales, en el sentido etimológico de la palabra. Ser original es volver al origen, dejar a un lado nuestro ego y nuestras preferencias estéticas, y entender cómo nació el club, su historia y su autenticidad”, dice Capella que tomó como referencia a Gaudí y sus inspiraciones naturales y a la propia arquitectura ibicenca de paredes redondeadas y blancas.

Pacha Ibiza nació en 1973 como una gran casa payesa, de varias plantas, paredes blancas por dentro y por fuera –probablemente, la única discoteca del mundo que no es una caja negra–, patios y terrazas, y salas con recovecos que rodeaban la pista principal y buscaban la privacidad y el misterio. A lo largo de los años se fueron añadiendo elementos que acabaron perdiendo la esencia del club y con esta reforma se ha intentado recuperar lo que la convirtió en el icono mundial de la noche que es hoy.

La pista central sigue siendo el eje de la discoteca, pero con un par de grandes novedades. Por un lado, se ha ampliado y ha vuelto a abrirse por completo para ser visible desde cualquier rincón; y, por otro, la cabina del DJ ha bajado, se ha puesto a la altura de los feligreses. El DJ (y más con el cartel que tiene Pacha este verano) sigue siendo el venerado rey cada noche, pero ahora está de igual a igual, mirando de frente a todos sus seguidores para conseguir una experiencia más única.

El DJ sigue siendo el rey, pero solo gracias a su público.

Pacha es sinónimo de diversión, el 80% de la marca es música (el 20% restante es gastronomía, la discoteca tiene su propio restaurante, además de la street food toda la noche disponible de la azotea y en su hotel Destino Pacha Ibiza Resort, la comida es fundamental) y la discoteca necesitaba una reforma que instalara el mejor sonido del mundo. Es un “back to basics”, dicen desde la marca. Música y diversión las dos claves que no podían olvidarse. Aunque, ya de paso, con la obra se ha convertido el edificio en ecológico y mejorado la seguridad. Todos los elementos para que Pacha Ibiza siga siendo una discoteca destino. Es decir, el lugar y la razón por la que gente de todo el mundo viaja hasta Ibiza, los jueves para bailar con David Guetta y sus invitados especiales, los miércoles para disfrutar este año de Cocoon, la sesión de Sven Väth que por primera vez en 19 años se traslada aquí o las fiestas especiales y exclusivas de Carl Cox o Calvin Harris. La gente viaja a Pacha Ibiza y, ya de paso, se queda por la isla.

Para lograr eso, necesitaban recuperar todo el esplendor de la discoteca, sin olvidarse de elementos que la han hecho famosa más allá de la música. Como sus privados, más privados, más amplios. O sus barras que se mantienen para que los camareros salten por encima de ellas, buscando siempre esa nota divertida que identifica Pacha. Y, claro, los baños de Pacha, punto de reunión, de encuentro, casi una segunda o tercera pista de baile, y entre todos, siguen destacando los que representan los siete pecados capitales. Porque, sí, Pacha Ibiza sigue representando una noche abierta al pecado… si quieres.

Fuente: Condé Nast Traveler

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