Javier Zori del Amo @zoriviajero

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Weimar, Alemania

¿Cuánto tiempo tiene que pasar para que una corriente estética se convierta en un recurso turístico? En Alemania lo tienen claro: 100 años. Ese es el tiempo que ha pasado desde que Walter Gropius fundara en Weimar la Escuela de la Bauhaus, la primera corriente moderna en la que el diseño y la arquitectura tuvo un mismo peso.

Para festejar este hito, esta ciudad esencialmente universitaria va a rematar los fastos de la apertura de su Museo Bauhaus así como acoger diferentes exposiciones en su Neues Museum. Y, por supuesto, a enorgullecerse de los edificios que Van de Velde, Gropius y compañía proyectaron en esta ciudad y campus.

Brasilia, Brasil

Cincuenta y nueve años después, se podría decir que el proyecto que convirtió el frondoso corazón de Brasil en una capital es un tanto insípido. Deslumbrada por la exuberancia de Río de Janeiro, la simpatía de Salvador de Bahía y la pujanza cosmopolita de São Paulo, Brasilia nunca se ha creído demasiado su potencial turístico cultural.

Sin embargo, en los últimos años se está posicionando como un destino inquieto mediante un proyecto llamado Programa Cidade, Cidadão, Cidadania, que culmina en 2019 y que se ha propuesto hacer visible un tejido creativo que tiene en la Bienal de Diseño Gráfico su principal escaparate. Por otro lado, ha logrado convertirse en un vértice fundamental en el nuevo triángulo cultural del continente junto a Goiana y Cidade de Goiás. Nagoya, Japón Getty Images Compartir

Nagoya, Japón

A la cuarta ciudad más grande del país le está costando encontrar su hueco en el Japón turístico. Sin embargo, desde hace unos años está transformando su frenesí industrial y económico en un atractivo más.

Y no le está saliendo mal la jugada. Por lo pronto, cuenta con esa mezcla infalible de rascacielos y patrimonio, de edificios relucientes como la torre de la Televisión y reliquias como el castillo de Nagoya o el templo Osu Kannon. Una fórmula base que se complementa con todo lo que la casa Toyota (oriunda de una ciudad vecina, pero con las oficinas aquí) ha dejado en forma de centros de visitantes y con el arte, con museos inesperados como el Tokugawa Art Museum y el Museo de Bellas Artes Nagoya-Boston, una sucursal prolífica del arte Occidental. Eso sí, la guinda de todo es una Trienal de Arte Contemporáneo que en 2019 cumplirá su cuarta edición y cuyas proporciones empiezan a ser tomadas muy en cuenta por los principales galeristas y coleccionistas del mundo.

Oslo, Noruega

En la capital de Noruega, si parpadeas un instante te pierdes una novedad. Su empeño en ser un laboratorio de ideas urbanísticas la convierte en una sorpresa tras otra, y 2019 va a ser el año en el que se lo muestre a todo el mundo. ¿La excusa? Su capitalidad verde europea. ¿La forma de hacerlo? Mediante la dinamización de su ribera y de sus nuevos barrios, siendo Vulkan el epicentro de todo con ese rollito postindustrial tan atractivo como prolífico. 

Plovdiv, Bulgaria

Los organismos oficiales la encasillan, junto a Matera, como Capital Cultural Europea. Nosotros nos quedamos más con su magnético estatus de urbe del pasado con mucho futuro. Por un lado, tiene las ruinas romanas que se complementan con las largas calles de aspecto imperial del centro. Por el otro, el maravilloso caos creativo de Kaplana, el laberinto de callejuelas y garitos donde Bulgaria demuestra que es mucho más que sol, playa y monasterios.

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Dallas, Estados Unidos

Lastrada por la fama rancia de Texas y por la efervescencia de su vecina Austin, la cuarta área metropolitana más grande de Estados Unidos (y la novena ciudad más poblada del país) empieza a hacer ruido sin renunciar a las barras y estrellas. Y no pasa nada por ello. Si se ventilan los topicazos, la ciudad sorprende con el mayor distrito artístico del país, con una sucesión de museos y galerías casi inabarcable, con un skyline jugón con la Torre Reunión como icono y con un estadio, el AT&T, que merece la pena conocer por su curiosa colección de arte contemporáneo.

A Coruña, España

Poco a poco, sin demasiadas estridencias, A Coruña se ha logrado consolidar como una metrópolis periférica. Es decir, como una ciudad consistente, con atractivos metropolitanos como su centro histórico, su icono -la Torre de Hércules- y hasta sus moderneces en forma de museo Domus y de ruta y casa de Picasso. Un rasgo que se ha solidificado con una nueva generación de restauradores que van más allá de la marisquería de toda la vida y que están liderando una nueva forma de comerse Galicia y con una oleada de diseñadores que, rodeados del bravo Atlántico, refrescan el panorama creativo. Una sorpresa que se disfruta más viviéndola que contemplándola.

Mazatlán, México

La costa mexicana es tan amplia y variada que aún tiene lugares por conquistar. En los últimos años, Mazatlán y el litoral de Sinaloa se han ido posicionando como la nueva Riviera Nayarit pero con varias salvedades. Sus playas aún se conservan vírgenes mientras que los hoteles que se están abriendo mantienen una relación con el entorno mucho más sostenible.

Y, por supuesto, está la comida, ya que Mazatlán aspira a convertirse en la gran sorpresa gastronómica de cualquier viaje por México. Su estatus de ciudad portuaria hace que pescados y mariscos, preparados tanto crudos en ceviche como ahumados y en guisos, presenten una sólida candidatura a acabar con la tiranía del taco, la enchilada y el picante.

Växjö, Suecia

La nada, el silencio, la calma, la parsimonia como patrimonio. Esto es lo que ofrece esta urbe coqueta, ubicada entre lagos, que ha hecho de su modo de vida su auténtico atractivo. Su encanto está estrechamente vinculado a los lagos y bosques que la rodean, con actividades para todo tipo de aventureros. Aunque si por algo está empezando a brillar es por ser una de las urbes con mejor sabor a este lado del Báltico gracias una mezcla equilibrada entre filosofía nórdica y cosmopolitismo exótico. Todo ello aderezado por una proliferación de hotelitos coquetos de diseño en los que no hacer precisamente nada más que respirar hasta los límites de cada pulmón.

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Leeds, Reino Unido

Leeds, la gran metrópolis de Yorkshire, se ha cansado de enjugarse las lágrimas por la desindustrialización. Y ha conseguido despertar de este letargo poniendo en valor lo que tiene: mucha cultura en forma de museos y teatros y una naturaleza exuberante que se ha convertido en su principal encanto para los no angloparlantes. No en vano, la magia está en los parques, con iconos como la abadía de Kirkstall emergiendo en el prado, en los rinconcitos del parque de Roundhay y en la historia de los jardines de Temple Newsam. Y de postre, las colinas y pueblecitos de este condado llamado a ser el nuevo Cotswolds.

Canberra, Australia

Poquito a poquito, sin hacer mucho ruido, la capital australiana está dejando de ser una pregunta trampa en el Trivial. Para poder ganarse su cuota de simpatía turística frente a urbes poderosas como Sídney y Melbourne ha tirado de originalidad y creatividad. Así es como se explican establecimientos maravillosos como Hotel Hotel, lo que sucede cuando dejas a las mentes jóvenes parir ideas; el Jamala, una reserva natural con hotel incluido; o The Hamlet of Hackett, un maravilloso mercado donde encontrar T-O-D-O lo que un millennial soñaría.

Taipéi, Taiwán

Decir de esta ciudad independiente que es la nueva Hong Kong sería despojarla de unas singularidades muy potentes. No, no tiene el monumentazo ni el entorno sobrecogedor de otros dragones asiáticos, pero sí esas peculiaridades que parecen de otro mundo. Quien viaja hasta este territorio se va a encontrar con un paraíso del street tood, un universo gastronómico con calidad propia (no en vano, ha sido la última urbe oriental en tener una Guía Michelin propia) y una pasión por el diseño que la llevó a ser capital mundial de este ámbito en 2016 y cuyo gran mérito es ponerle orden y belleza al 'brilli-brilli'.

Cochabamba, Bolivia

Bolivia es la nueva Perú, al menos en términos culinarios. La virginidad de gran parte de su territorio y la conexión de esta tierra con sus ancestros regala sabores sorprendentes y recetas inesperadas. Y la mayoría de los chefs lo saben. Por eso Cochabamba, su capital gastronómica, se ha erigido como el destino más sabroso del país, no sólo por sus chefs y sus secretos, sino por su ubicación en un valle verde y fructífero que alberga muchas sorpresas. Y para la sobremesa, un casco histórico colonial y un pueblito indígena, Tupuraya, que hace más visible la conexión con lo autóctono.

Tirana, Albania

Albania no solo promete ser un paraíso cercano en 2019, también una escapada urbana muy completa y estimulante. ¿Su principal motivo? Una capital que se estrena como sede de una aerolínea, Air Albania, y que, sin demasiadas injerencias globalizantes, ha encontrado su propio y masticado camino hacia la modernidad. Su principal polo innovador es Blloku, donde las antiguas mansiones burguesas se han convertido en talleres, hoteles y mansiones delicadas. Y luego está su pasado embriagador, las horas de paseos entre deidades ateas soviéticas, mezquitas musulmanas y piazzi italianas.

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Amarante, Portugal

De un vistazo, Amarante es todo lo que se puede esperar de una localidad portuguesa: río, cuestas, azulejos, pomposidad eclesial, ropa secándose al sol, escalones y puentes. Pero si lo que se abre bien son los oídos, se dibuja una urbe con un potencial musical nacido del buen gusto y de su lejanía de cualquier aeropuerto y autopista cultural. Bajo esta premisa nació hace 16 años su festival, MIMO, con el que pone de relieve la pasión de sus jóvenes habitantes por las buenas melodías y por las canciones de calidad y de género fluído.

Lagos, Nigeria

No hay cazatendencias en el mundo que obvie la capital de Nigeria como un paraíso de la moda urbana, de la fusión bien entendida y de la belleza desmedida. Por eso, desde 2011, esta urbe organiza una Fashion Week que sirve de escaparate para el estimulante caos de sus calles y boutiques. En Lagos desbordan las diferencias, asombran los contrastes y se indigestan los monumentos, pero el estilazo de la ciudad y el buen clima económico están propiciando que, tal y como sucede con Johannesburgo, cada vez se tome más en serio todo lo que se cuece aquí.

Fabriano, Italia

Cuesta colocar esta localidad en el mapa. Sobre todo, porque una famosa marca de papelería se adueñó inocentemente de su nombre hace décadas, propiciando esta desorientación comunal. Sin embargo, al despertar, Fabriano sigue ahí, sobre los montes que protegen el puerto de Ancona, acogiendo una segunda primavera para su industria artesanal que la ha convertido en destino de cazatalentos y coleccionistas. Porque pocas ciudades como ésta ejemplifican mejor la última profecía: el diseño ha muerto ¡viva la manufactura limitada!

Yazd, Irán

Protegida como Patrimonio Mundial hace apenas año y medio, esta coqueta urbe iraní resume como pocas la armonía que hay aquí entre un pasado brillante y un presente tranquilote. Su ubicación, en mitad del desierto, la convierte en una ciudad difícil de modernizar, por lo que en sus callejuelas de adobe aún se sigue viviendo el frenesí y las formas que en su época acogieron a comerciantes como Marco Polo. Antes de que Irán se acabe definiendo a sí misma, conviene acercarse y adjetivarla de la mejor forma posible: a través de la vivencia.

Bujará, Uzbekistán

Ahora que la Ruta de la Seda se ha erigido como la aventura que mejor ha resucitado, conviene acordarse de que no todo en Uzbekistán es Samarcanda. Como muestra, esta preciosa ciudad, Patrimonio Mundial desde 1993, que tiene en sus raíces su principal atractivo. No en vano, si algún sitio se podría denominar la cuna de la cultura uzbeka es este, así que conviene visitarlo con los sentidos preparados para algo más que minaretes, madrasas y recovecos.

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Skopje, Macedonia

Los datos están ahí: Macedonia es, junto a Georgia, uno de los países que más están creciendo en términos turísticos en Europa. La capital de una región que suena a historia viva está recuperando sus vestigios, arrasados por un terremoto en 1963, y dándoles una dinamización muy interesante y atractiva para todo tipo de viajeros. Además, cuenta con esa ristra de edificios y monumentos que tienen el apellido ‘Nacional’ y que permiten entender el caos estilístico y estético sobre el que se cimienta esta atractiva nación.

Lilongüe, Malaui

No hay nada como experimentar desde la calma, y eso es lo que está sucediendo en la coqueta capital de este país centroafricano. Pese a no tener el pasado ni la exuberancia natural de otros países cercanos, cuenta con una gastronomía cada vez más pujante y una forma sostenible del disfrute de la naturaleza que está inspirando a hoteleros y restauradores a abrir una especie de sucursal slow del corazón del continente. Y, por supuesto, es el campo base perfecto para acercarse a las inesperadas playas del lago Malaui o a las cercanas reservas de Chongoni y Daikanyama.

Fuente: CondéNast Traveler

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