‘La abuelita mochilera’ se pasa la vida recorriendo el mundo

A sus 83 años, Kandy hace una media de seis viajes al año. “Unos duran solo 15 días, y otros quizás un mes”, explica a Traveler.es. Viaja con mochila y suele alojarse en albergues, por lo que en el mundillo viajero hace tiempo que se la empezó a conocer como ‘La abuelita mochilera’.

“A mí me bautizaron los mochileros que encontraba en los hostels cuando veían a una persona mayor llegar con una mochila. Empezaban a decir: ‘Oye, ¿has visto a esa abuela que viaja sola...?’ ‘Bueno -decía otro-, es tan pequeña que parece más bien una abuelita’. Y así llegó el momento en que todos los mochileros me llamaban ‘abuelita mochilera’, y de ahí surgió el apodo”.

Aunque el cariñoso apelativo sea relativamente moderno, Kandy, que nació en el pueblo de Iscar (Valladolid) lleva toda la vida de aquí para allá. “A los 22 años marché a San Sebastián con mis padres, donde abrimos un cámping que yo regentaba. Viajé desde muy joven, ya que abríamos solo seis meses y los otros seis los tenía libres, y aprovechaba para recorrer Europa”, cuenta a Traveler.es.

Sin embargo, a los 30, abandonó todo aquello, estudió derecho y montó un despacho en Motril, cerca de donde su familia había levantado un nuevo cámping. Allí estuvo trabajando hasta su jubilación, que fue el momento en el que se transformó en una viajera de pro. “Fue entonces cuando, el sueño de mi vida, que era dar la vuelta al mundo, se hizo realidad. Cambié la toga por una mochila, y yo y ella, y ella y yo, nos dimos la vuelta al mundo en solitario.

Tardé nueves meses, y fue algo que marcó mi vida de tal manera que, una vez acabado aquel largo viaje, pensé que lo único que quería seguir haciendo, hasta que mi salud me lo permitiese, era seguir ‘volando’. Descubrí que los humanos no solo teníamos pies, también teníamos alas, y te aseguro que, una vez que las despliegas, ya es muy difícil volver a plegarlas…”

A aquella gran aventura le han sucedido muchas otras a lo largo y ancho del mundo, pero sin duda su preferida la ha vivido en la India, el país que más le ha marcado. “La primera vez que la visité me sobrecogió; la segunda, intenté comprenderla, y al final -he ido allí ya 16 veces- logré entenderla y comprenderla; actualmente, la adoro”.

VIAJAR PASADOS LOS 65

Viajar sola y siendo mujer es una aventura que ya, de por sí, a muchas nos cuesta emprender. ¿Pero y pasados los 65? ¿A qué nuevos miedos se enfrenta alguien de esa edad? “Las dificultades, los miedos, los problemas, etcétera, no existen en mi mente, y por lo tanto, tampoco en mi vida”, reflexiona Kandy. “Yo creo siempre que todo va a ir bien, que la gente es buena y que el mundo me está esperando con sus brazos abiertos”.

Tanta confianza tiene ‘La abuelita mochilera’ en la humanidad -incluida la suya- que ni siquiera se plantea el dejar de viajar. ”No, nunca. Es más, pienso que -copiando las palabras de la Madre Teresa de Calcuta- cuando no pueda trotar, caminaré; cuando no pueda caminar, me ayudaré de un bastón, pero nunca me detendré, porque estoy segura de que más vale cansarse que oxidarse”, afirma con vehemencia.

De hecho, Kandy anima a todos los de su generación a emprender su mismo camino, sea con mochila o con “maleta pequeña”: “Lo que le diría a quienes se enfrentan a su jubilación es que la vida no ha pasado; la vida empieza ahora en una nueva faceta. Estamos en una edad en la que no podemos decir: ‘Bueno, hoy no puedo, a ver al año que viene’, porque ese año que esperamos no sabemos si llegará…

Es más, cuando me preguntan que cuántos años tengo, yo les respondo algo que quedó marcado en mi mente cuando un día lo oí decir a no recuerdo quien: Yo tengo pocos años, quizás cuatro, seis o diez, porque los 83 años que ya viví no los tengo, ya se marcharon. Por lo tanto, tengo solo los años que me queden por vivir, así que hay que aprovecharlos, disfrutarlos y saborearlos”.

Fuente: Condé Nast Traveler

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