La villa ampurdanesa acogió a Dalí desde su infancia, cuando veraneaba en familia, y hasta su madurez creativa. En 1930, buscando una vivienda propia, el artista compra una barraca en Portlligat, una aldea de pescadores pegada a Cadaqués. Foto: AGE fotostock

Figueres, Cadaqués y Púbol son los escenarios ampurdaneses imprescindibles para conocer la vida y obra del genio catalán

César Barba

La obra de Salvador Dalí (1904-1989) resulta inseparable de su geografía natal. El pintor convirtió el paisaje ampurdanés en un símbolo del surrealismo: "Mi paraíso místico comienza en los llanos del Empordà, rodeado por las colinas de La Albera y encuentra su plenitud en la bahía de Cadaqués". Artista, genio, personaje extravagante y comunicador irreverente, Dalí reconocía que la tramontana, el viento que azota la costa norte catalana, era el responsable de su "completa locura". Nació, vivió, creó y murió en el Empordà, y allí se esconden las pistas para conocer tanto a la celebridad internacional, como al artista ligado profundamente a su tierra.

"Mi paraíso místico comienza en los llanos del Empordà, rodeado por las colinas de La Albera y encuentra su plenitud en la bahía de Cadaqués"

Este rincón de la provincia de Girona acoge hoy gran parte del legado de Dalí. Los lugares que fueron testigos de su vida y escenarios de su inspiración conforman lo que se ha dado en llamar el Triángulo Daliniano, formado por el eje Figueres, Cadaqués y Púbol, un espacio de poco más de 40 km² con todos los ingredientes del universo del artista: sus museos, sus pasiones, el paisaje ampurdanés, la luz del Mediterráneo, la orografía, las leyendas... todo aquello que resulta menester para entender la obra y la vida de Salvador Dalí.

El Triángulo Daliniano es una ruta que enlaza los tres centros neurálgicos del Empordà que permiten adentrarse en la vida y obra de Salvador Dalí: Figueres, Cadaqués y Púbol. Concepto tangible y mítico a la vez, la ruta explora el universo del artista tanto en la vertiente biográfica como en la artística. www.salvador-dali.org. FOTO: Getty Images

La gran obra del genio

El Teatro-Museo Dalí de Figueres, inaugurado en 1974, está considerado como la última gran obra de Salvador Dalí. Fue concebido y diseñado por el artista hasta el último detalle, con el propósito de atraer al visitante al interior de su mundo genial y transgresor. Dalí recuperó el antiguo teatro de Figueres y los restos del recinto amurallado de la ciudad, donde dio nueva forma a la Torre Galatea, su residencia los últimos años de vida, coronada con los huevos y panes que solía introducir en sus creaciones como alegoría del "arte como alimento". El museo acoge una de las colecciones más importantes del artista, con pinturas emblemáticas como Autorretrato blando con bacon frito, Leda atómica o Galatea de las esferas, y espacios concebidos como grandes obras de arte, como la sala Mae West, la sala Palau del Vent o el patio central con la instalación Carro naval. Cadillac lluvioso. Se puede visitar además la colección de joyas que Dalí diseñó entre 1941 y 1970.

La ciudad de Figueres acoge otros rincones de evocación daliniana, como su casa natal, un edificio modernista situado en la calle Monturiol 6; la plaza Gala-Salvador Dalí, presidida por el museo y con varias esculturas de Dalí; y La Rambla, en cuyas cafeterías un Dalí adolescente consumía las horas dibujando y charlando con amigos.

Cala de Portlligat La Casa-Museo de Portlligat fue la residencia estable de Salvador Dalí. En ella vivió y trabajó de forma habitual hasta la muerte de Gala, en 1982. Actualmente es una estructura laberíntica con una sucesión de espacios encadenados por pasillos estrechos y recorridos sin salida. Foto: AGE fotostock

Durante su niñez, la familia Dalí pasaba los veranos en Cadaqués. En 1930, buscando una vivienda propia, el artista compra una barraca en Portlligat, una aldea de pescadores pegada a Cadaqués. Atraído por el paisaje, la luz y el aislamiento del lugar –una pequeña bahía a resguardo de la mar encrespada de la Costa Brava–, Dalí fue creando allí su hogar a partir de esta construcción inicial. "Portlligat es el lugar de las realizaciones... Todo se conjura para que así sea: el tiempo transcurre más lentamente y cada hora tiene su justa dimensión. Hay una tranquilidad geológica: es un caso planetario único", afirmaba el genio ampurdanés. Actualmente la Casa-Museo de Portlligat es una estructura laberíntica con una sucesión de espacios encadenados por pasillos estrechos y recorridos sin salida. Allí se pueden visitar las estancias en las que transcurrían los momentos íntimos del artista y su musa, Gala; los espacios exteriores, repletos de objetos y recuerdos de los Dalí; y el taller, donde parece que en cualquier momento puede entrar el maestro a continuar su trabajo, ya que todo permanece tal y como lo dejó el artista.

Desde la pequeña Portlligat Dalí plasmó en cuadros los paisajes mediterráneos que habían acompañado su vida y que tanto admiraba. Las calas solitarias y la pétrea orografía de la Costa Brava, entre Cadaqués y el Parque Natural del Cap de Creus, se descubre en obras como Muchacha en la ventana, El espectro del sex-appeal o El destete del mueble alimento.

El castillo Gala Dalí de Púbol es un apartado rincón de paz en el universo daliniano

El tercer vértice del triángulo es el castillo de Púbol, el regalo de Dalí a Gala, una fortaleza medieval documentada desde el siglo XI, refugio donde aislarse de la vida mediática que perseguía a su marido, y un recinto al que el artista se comprometió a ir solo cuando fuera invitado formalmente por ella. Abierto al público como museo, el castillo Gala Dalí de Púbol es un apartado rincón de paz en el universo daliniano, donde el genio se recreó en la pintura de muros y techos, en artificios de falsas arquitecturas y en plasmar una atmósfera de aire romántico. El resultado es un lugar austero y lleno de misterio, con estancias de gran belleza como la antigua cocina reconvertida en sala de baño, el salón del piano o el jardín salvaje en el que florecen elefantes surrealistas. La musa del artista murió en 1982 y fue enterrada en la cripta del castillo. Justo a su lado permanece otra cripta concebida para dar sepultura a Dalí. Pero quedó vacía, ya que el genio ampurdanés decidió, al final de sus días, reposar eternamente en el museo de su Figueres natal

Fuente: National Geographic

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