La Comunidad Valenciana resiste el golpe al turismo de sol y playa gracias a los visitantes de la España interior, pero hoteleros y empresarios locales echan de menos a esos turistas extranjeros 

Laura Cardona y María Rodríguez regentan una tienda de artículos de playa en el paseo marítimo de Gandía, segundo destino playero más popular de la Comunidad Valenciana tras Benidorm. El descenso en cantidad y calidad del turismo este año ha recrudecido la batalla de baja intensidad que cada mañana libran contra los potenciales compradores. "Antes venían tantos a por sombrillas que no te dejaban ni abrir la tienda antes de meterse a cogerlas, pero este año..., de los tres veranos que llevo aquí trabajando, este he visto una bajada espectacular", dice Rodríguez.

El retroceso se debe, principalmente, a la huida de ingleses, italianos y nórdicos. Sin embargo, a diferencia de Baleares o Canarias, que han sufrido severos retrocesos en el número de turistas con respecto al año anterior debido a la recuperación de otros competidores como Túnez o Turquía, los números de la Comunidad Valenciana no son tan negativos: ha crecido un 1% entre enero y junio de 2019 según los últimos datos del INE. La clave está en el producto nacional, que ha ayudado a mantener la actividad en lugares como este en un verano que los hosteleros levantinos han calificado como "el más incierto de los últimos años".

"Tenemos los mismos precios que el año pasado, pero ahora los turistas vienen y se quejan, si una tumbona vale 21 euros las señoras dicen que nos ofrecen 18 euros. ¿Pero por qué? ¡Los franceses e italianos nunca nos intentaban regatear!", dice Cardona. "Ayer pillamos a una señora cambiando una etiqueta de 1,25 por otra de 1 euro, los tapones de las aceiteras los tenemos que entregar en caja porque si no, nos los roban. Siempre son españoles", alucinan las empleadas.

A las puertas de la próxima recesión, Gandía es un campo de batalla post-apocalíptico donde el turismo internacional ya es un espejismo y las playas han sido reconquistadas por una oleada de turistas (principalmente) madrileños, castellano-manchegos y aragoneses escarmentados de Punta Cana, que gastan lo menos posible y en vez de una quincena se quedan unos pocos días.

Los ingleses no volvieron

Sobre el papel, el Levante está resistiendo la embestida, pero el ánimo entre hoteleros, empresarios y clientes es apesadumbrado. "Hasta final del verano no sabremos, pero de momento la temporada va peor", dice Bea desde la recepción del hotel Los Naranjos. "Si te metes en Booking ahora te salen muchas habitaciones disponibles, eso el año pasado no ocurría".

Es cierto que según los datos que el INE publicó el jueves, hay nacionalidades que han aumentado su presencia en España, pero el retroceso de los ingleses en un 5,3% es demoledor, dado que son mayoritarios. Durante la segunda quincena de julio, el 37,6% de los viajeros alojados en hoteles en Benidorm fue de procedencia británica frente a un 44,8% de españoles. Alemanes y franceses, dos de las nacionalidades que han aumentado últimamente, apenas representan un 0,4% y un 1,2% del total de turistas.

"El mercado nacional está supliendo la caída del turismo extranjero", apunta la asociación de hoteleros de Benidorm y la Costa Blanca

"Sí podríamos decir que de alguna forma el mercado nacional está supliendo la caída del turismo extranjero en la Comunidad Valenciana, un destino con una fidelidad muy grande", explica Antonio Mayor, presidente de la Asociación Empresarial Hotelera de Benidorm y la Costa Blanca. "Más que una bajada de precios lo que vemos son ayudas o pequeños detalles que hacen que una familia diga 'vamos a la playa que este año está mejor la cosa'. Por ejemplo algunos hoteles han lanzado ofertas, otros te alojan al niño gratis, otros te subvencionan la entrada al parque temático…".

La playa de La Meseta

Desde un banco del paseo marítimo, se aprecia claramente una tendencia a la baja. Los bañistas pasan con su sombrilla y la silla plegable a cuestas. Hay unos cien metros de arena peinada hasta la orilla, donde los parasoles se disponen en fila de a uno frente al mar. La primera línea está llena, pero detrás de ellos no hay nada. Visten camisetas de Membrilla, la capital manchega del melón, o del medio maratón de Alcázar de San Juan.

"Ya es agosto y la gente tendría que estar aquí", dice María. Sin embargo, no acaban de llegar. Madrileña con sombrero y vestido de flores, lleva 35 años haciendo este recorrido de su apartamento a la playa, que considera sin reparos "la playa de Madrid". Para ella, los extranjeros son más una cosa de modas, quienes mantienen Gandía son los turistas de largo aliento como ella. "Esta siempre ha sido una playa familiar, como el agua no cubre está muy bien para traer a los niños".

Desde la heladería Don Chimo, fundada por sus padres hace 41 años en el paseo marítimo, Javier Descals concuerda en que "desde marzo hasta finales de junio se ha notado un bajón" en la afluencia turística. Dentro de un mercado donde el turista nacional es más recurrente, la bajada de los internacionales ha sido palpable. "Si el año pasado tuvimos mil extranjeros, este año han sido 200", dice Descals. "En su momento vivimos el 'boom' de las suecas y ahora estamos viviendo el de los madrileños. Lo peor es que cada año se nota que tienen menos poder adquisitivo y consumen menos".

Uno no elige al turista cuando tiene carencias, solo cuando tiene 'overbooking'

Otra de las consecuencias del éxodo de los extranjeros es que ciudades como Gandía se están viendo obligadas a diversificar su oferta, eufemismo para 'empezar a organizar despedidas de soltero y cualquier otra actividad que atraiga gente, especialmente en temporada baja'. Esto es algo que a los residentes más longevos molesta especialmente. "Para mi gusto están destruyendo lo que era esta playa", dice la madrileña María.

Los nuevos turistas que visitan la ciudad vacacional no tienen nada que ver ni con los extranjeros ni con los españoles de hace una o dos generaciones. No compran apartamentos ni vienen por quincenas, hacen más ruido de la cuenta, gastan menos dinero, sus hijos adolescentes buscan bronca con los adolescentes locales, sacan la televisión a los balcones. Pero como dice Vicente Peiró, director del hotel Gandía Palace, "uno no elige al turista cuando tiene carencias, solo cuando tiene 'overbooking'". Y apunta: "Apostar solo por el turismo de jubilados es un error porque no hay fidelización, hay que dar una oferta para toda la familia, y claro, cada uno quiere una cosa".

Incluso en periodo de sequía, nunca llueve a gusto de todos.

elconfidencial.com

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