Así luce la Catedral Metropolitana luego de su restauración.

Mónica Guardia

La población general parece complacida por el lujoso aspecto de la Catedral tras su remodelación, mientras defensores del patrimonio hacen fuertes críticas contra las personas equivocadas

El sábado 25 de noviembre fue de grandes emociones. Después de dos años y medio de trabajos y seis meses de atraso, por fin, los panameños podían acercarse a la Catedral Basílica Santa Maria la Antigua de Panamá, una de las caras que ofrecerá el país al mundo durante la Jornada Mundial de la Juventud, en enero próximo.

Creyentes y no creyentes se fueron acercando ese día desde tempranas horas de la mañana para observar el edificio que hasta 2016 lucía abandonado, con su fachada cayéndose piedra a piedra y su retablo mayor devorado por el comején.

Los visitantes parecían complacidos con los trabajos realizados a un costo de 12 millones de dólares y pagados por el Estado, propietario del inmueble por efecto de la Ley 68 de 1941 que la convirtió en ‘monumento nacional'.

Sin calor, gracias al del aire acondicionado que salía por las rendijas instaladas en el piso, la mayoría de los presentes sacaba ‘selfies' que tenían como fondo el reluciente piso de mármol ajedrezado, el retablo mayor - pintado magistralmente para dar a la madera la apariencia de mármol-, el recién restaurado óleo de Nuestra Señora de la Asunción o la reconstruida plataforma de madera destinada al coro.

Como auténtico anfitrión, el comerciante y mecenas Ricardo Gago, presidente del Comité de Amigos de las Iglesias del Casco Antiguo (CAICA), saludaba a los curiosos que se aglomeraban en los pasillos.

‘Me siento feliz', dijo a La Estrella de Panamá. ‘Son más de 30 mil personas las que han pasado hoy a ver la catedral'.

Al parecer, según se comenta en la ciudad, la alegría de Gago no duró la semana. A medida que iban pasando los días, su espíritu decaía al ser enterado de las fuertes críticas dirigidas hacia su persona y monseñor José Domingo Ulloa que circulaban en las redes sociales.

‘LO QUE SE HA HECHO ES IMPERDONABLE'

‘Lo que se hizo allí es imperdonable. No fue restauración. Destruyeron nuestro patrimonio histórico para que la catedral se viera ‘más bonita'. Ese tipo de remodelaciones se hacían hace 100 años' comentaba la historiadora Marixa Lasso en Facebook.

‘Los criterios de la supuesta restauración parecen seguir la cultura de supermercado de Ricardo Gago y el mal gusto ornamental de Monseñor Ulloa. Nadie dijo nada sobre los parámetros de restauración monumental. Se pasaron los criterios de la Convención de Venecia y la Convención de San Salvador por los faldones clericales', decía otro mensaje anónimo que circulaba en las redes el fin de semana pasado.

En muchos casos, los comentarios estaban acompañados de fotografías que documentaban los descuidos cometidos durante los trabajos de restauración: restos de lápidas removidas y campanas antiguas reposando en el atrio lateral de La Merced, a la intemperie.

Aunque la mayoría de los panameños parece dejarse tentar por el piso brillante, el aire acondicionado y el retablo reluciente, quienes conocen del tema reconocen como verdades algunos de estos comentarios. Especialmente, el hecho de que los trabajos que se hicieron no tomaron en cuenta las convenciones internacionales dirigidas a defender la preservación de ‘los mensajes espirituales del pasado' contenidos en obras de este tipo.

Al reconocerlas como ‘patrimonio de la humanidad' la Carta de Venecia (1964) sostiene que ‘es un deber' preservarlas para las futuras generaciones como testimonio vivo de las tradiciones en toda su autenticidad'.

‘SE HICIERON DESMADRES'

‘Se hicieron desmadres', reconoce una persona que fue testigo del proceso de restauración y puesta en valor de la Catedral.

De acuerdo con la fuente, que pidió no se revelara su nombre, uno de los peores ‘pecados' fueron las excavaciones realizadas para colocar el equipo de aire acondicionado.

‘Se decidió que las lápidas que cubrían las tumbas de personajes enterrados en la iglesia no se volvieran a colocar y fueron llevados al Museo Reina Torres de Arauz, pero estuvieron a la intemperie, durante meses y deteriorándose en este proceso'.

Otro error fue cambiar el piso (originalmente de arcilla y cubierto a finales del siglo XIX con una capa hormigón mezclado con conchas, pedacitos de cerámica y vidrios, de acuerdo con información suministrada por la historiadora Lasso en un artículo publicado en un medio de la localidad).

Para la fuente consultada, lo injusto de las críticas es que están dirigidas contra la persona equivocada: ‘La gente no ha entendido que una cosa es la restauración de la iglesia realizada por el Gobierno y otra es el amoblamiento. Ni Ricardo Gago ni Monseñor Ulloa tomaron las decisiones relacionadas a la restauración de la Catedral'.

Las obras las realizó el consorcio español La Antigua, siguiendo un pliego de cargos que por ley era responsabilidad de la Dirección Nacional del Patrimonio Histórico (adscrito al INAC), asesorado por la Comisión Nacional de Arqueología y Monumentos Históricos (CONAMOH). El proyecto finalmente quedó en manos de la Secretaría de Metas de la Presidencia al considerarse que el INAC no tenía la capacidad para manejarlo.

Al contrario- continúa la fuente-, Gago intervino en numerosas ocasiones para salvar objetos valiosos, como el retablo de los ratones, el óleo de Nuestra Señora del Rosario, donado por Justo Arosemena en el siglo XIX. Esos no estuvieron en el pliego de cargos elaborado por el Gobierno y se pagaron con fondos privados.

A CAICA, el comité que lidera Gago y que es respaldado por la Arquidiócesis de Panamá, corresponde ahora vestir la Catedral. Dado el atraso con que fueron entregadas las obras, el comité deberá trabajar intensamente de aquí al próximo mes de enero para colocar las bancas, las campanas, el órgano, la mesa del altar, la pila de bautismo, los candelabros, que han sido adquiridos con $4 millones recaudados con mucho esfuerzo.

Además, con este fondo se han comprado manteles, copones, velas, misales, y las sillas donde se sientan los sacerdotes.

Y esto, hace volver al tema de la restauración, ya que, de acuerdo con otra fuente, la falta de equipamienento es un problema heredado.

Durante las décadas de los 70 y 80 la iglesia fue remozada en varias ocasiones, y como consecuencia de estas intervenciones se eliminó el coro, el púlpito y las pilas de agua bendita. Anteriormente se habían eliminado los altares de madera.

En conclusión, señala la fuente, lo básico de ‘la Carta de Venecia es que la restauración debe ser ‘excepcional' porque lo importante es el mantenimiento'. Y la catedral estaba abandonada desde el gobierno de Mireya Moscoso, cuando se hizo la última intervención.

BENDICIÓN DEL TERRENO

‘Es una pena', sostiene, porque se trata del edificio religioso más importante de la República de Panamá –que no pertenece a la Iglesia Católica, como se ha querido hacer ver sino que es propiedad del Estado, es decir, de todos los panameños— y tiene una .historia anterior a la formación de la República.

Como mencionó monseñor Ulloa el sábado pasado durante la ceremonia de bendición de los campanas, el edificio ha sido durante siglos testigo mudo de la historia del país.

El terreno donde se construyó la catedral fue seleccionado desde el mismo momento en que se escogió la localización de la ciudad, tras la destrucción de Panamá La Vieja. El solar incluso fue bendecido por fray Antonio de León el 21 de enero de 1673 el día de fundación de la ciudad, dice el libro La Ciudad Imaginada, del historiador Alfredo Castillero Calvo.

Al principio se construyó un endeble edificio de madera y durante una centuria, fueron varios los intentos de construir el edifico de mampostería, pero la falta de fondos y los constantes incendios lo impedirían.

El actual edificio fue terminado en 1792 y consagrado en 1796 siguiendo un diseño del ingeniero militar Nicolás Rodríguez, quien estuvo radicado aquí por varios años y realizó muchos trabajos.

Según el historiador Alfredo Castillero Calvo, es muy probable, que las piedras de la fachada hayan sido traídas una a una de la destruida catedral de Panamá Vieja.

Durante la era republicana, la Catedral fue el escenario para las exequias fúnebres de los presidentes de la República, de incontables bodas y actos religiosos. Sus campanas doblaron para alertar a los habitantes de San Felipe de los peligros de ataques y en ella se celebró el fin de las dos guerras mundiales del siglo XX.

Siempre fue considerada uno de los edificios más hermosos de la antigua ciudad de Panamá. A ella se referían todos los viajeros que pasaban por el país, sobre todo en el siglo XIX, antes de que se popularizara la fotografía. Un párrafo tomado de "Narrativas de los Viajes de HMS Herald", publicado en Londres, en 1813, dice lo siguiente:

‘La catedral es un fino edificio que ocupa casi toda la parte occidental de la Plaza de la Catedral. Fue construido al viejo estilo español y tiene a su ladoseste una esfera con estatuas que representan a la Virgen María y a los Apóstoles. Es rica en ornamentos, entre los que destacan los retratos al óleo de los obispos, y que son considerados de valor histórico'.

Pero el espíritu crítico de los panameños se puede notar también como herencia cultural desde ese siglo, en una nota anónima publicada en La Estrella de Panamá, del 6 de marzo de 1853: "Se dice que el reloj de la catedral se para cuado se le antoja y que esto sucede porque le falta una soguita más larga para cuerda. ¡Pobre relojero! Tenga paciencia porque para que lo ahorquen no ha de faltar quien la proporcione!"

Fuente: La Estrella de Panamá

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