El turismo , según cifras de la ATP, genera anualmente más que el Canal de Panamá.

En el tercer debate presidencial, los siete aspirantes coincidieron en la escasa exposición del potencial turístico de Panamá, pero ninguno supo explicar por qué un país con tantos atractivos, dolarizado, con un canal, playas y compras, no es un referente para turistas a nivel mundial

Rekha Chandiramani Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Siguiendo con la tónica de los debates presidenciales, en el de la semana pasada, que fue organizado por la Cámara Panameña de Turismo, los candidatos aterrizaron con más promesas generales que iniciativas concretas y medibles.

Coincidieron en reconocer el potencial del sector, tras descripciones poéticas de nuestros activos turísticos. Y todos estuvieron de acuerdo en que no se ha explotado este potencial en Panamá a su máxima expresión. Y es que el turismo, según cifras de la Autoridad de Turismo de Panamá (ATP), genera anualmente más que el Canal. Otro consenso con el que iniciaron todos su participación en el debate —televisado y producido por TVN—, es que el tema debe migrar a política de Estado.

La mayoría de los candidatos habló de crear un gabinete turístico cuyos miembros estarían entrecruzados en distintas entidades estatales, entre ellas las relativas a infraestructura, agua, basura y educación. Varios le dijeron al gremio de empresarios quizás lo que querían escuchar: que aumentarían los fondos para la promoción turística. El candidato oficialista, José Blandón, dijo que les destinaría el doble; es decir $40 millones anuales.

Otro mensaje consensuado que enviaron fue el de tecnificar la ATP con ‘profesionales idóneos'. Lo que hay hoy está ‘politizado', dijeron. Más fondos para la promoción del país en el extranjero, mayor capacitación para los que atiendan a turistas y potenciar productos turísticos, entre circuitos y paquetes.

Horas antes del debate, el Ejecutivo enviaba un comunicado de prensa diciendo que en el quinquenio de Juan Carlos Varela han entrado 660 mil turistas más que durante el quinquenio de Ricardo Martinelli. Que dio vida al Fondo de Promoción Turística con $20 millones anuales (que aún no desembolsan) y que gastó otros $20 millones en 2017 en una campaña turística internacional. Sumando los $4.5 millones desembolsados en 2016 en una campaña nacional sobre ‘conciencia turística'.

Lo que ningún candidato supo explicar es cómo un país con tantos atractivos, dolarizado, con un canal, playas, compras, historia, etc, no es un referente consolidado para turistas a nivel mundial. Algunos dicen que por falta de voluntad política, otros que por falta de organización. Quizás sea la combinación de ambas o que estas faltas solo sean dos ingredientes de la desidia general que arropa la subcultura del juega vivo. Los internautas culpan a los precios: ‘Panamá es muy caro'.

Más allá de las cifras oficiales y las inversiones que haga cualquier gobierno de turno, hay que elevar el turismo a un sitial donde no dependa precisamente de ese gobierno de turno, ni del próximo. Los gobiernos de países que gozan de las mieles de esta actividad se preocupan por incorporar a la mayor cantidad de gente a la cadena, en vez de cercar los caminos que dan acceso a esos turistas para que unos pocos puedan lucrar de la actividad.

Las inversiones públicas deben realizarse pensando en el turista y no en intereses particulares de determinados grupos económicos. Los subsidios a la actividad deben darse como incentivos a pequeños y micro empresarios del sector que puedan multiplicar esa inversión y darle sostenibilidad a la actividad a través del tiempo, en vez de direccionarlo a mitigar una infraocupación hotelera que se originó precisamente por la falta de planificación.

Los candidatos a la silla presidencial prometieron soluciones integrales. Ciertamente, el turismo es algo que debe penetrar primero en el ADN de cada panameño antes de convertirnos en un epicentro turístico que facture con su marca país. Y esa fórmula probablemente no esté en un plan de gobierno, sino en una revolución educativa integral que empiece por valorar la historia y los activos nacionales. Y que dichos activos sean tratados como lo que son: de todos.

Fuente: La Estrella de Panamá

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