El turismo de mochila ha sido tradicionalmente una forma de hacer turismo atribuida a jóvenes con escaso presupuesto de viaje, o aventureros que buscan descubrir el mundo dedicando la mayor parte de su tiempo a conocer destinos poco visitados, exóticos o no tradicionales.

Algunos investigadores dicen que esta actividad se originó en la Europa de la postguerra aprovechando la llegada de la paz y la entonces existencia de medios públicos de transporte terrestre poco costosos y con amplia red. En inglés se conoce con como “Backpack Tourism” y se fundamenta en que las personas que lo realizan sólo llevan como equipaje una mochila (backpack) con lo mínimo necesario en ropa y artículos varios, que les permita viajar lo más ligeros posibles y sin grandes preocupaciones por los bienes materiales.

A pesar de que han sido un segmento de demanda despreciado por las grandes empresas de turismo, la realidad es que este tipo de viajeros ha venido aumentando paulatinamente en las últimas décadas y de ellos se han beneficiado los establecimientos turísticos más sencillos tales como campings, posadas (no las de lujo), hospedajes, moteles de carretera, albergues juveniles, restaurantes populares, y hoteles de una y dos estrellas. Se podría decir que los mochileros son nómadas, ya que no les agradan las excursiones en grupo ni pre-empacadas, más bien realizan sus viajes solitarios, en pareja o máximo en pequeños grupos de no mas de 6 personas.

En los últimos años ha surgido una nueva tipología de mochileros denominada “Flashpacking” que vienen a ser unos mochileros adictos a la tecnología de información, ya que cuentan con equipos de GPS (Global Positioning System), cámaras de alta resolución, teléfonos celulares satelitales, y otros artefactos tecnológicos que les permiten obtener mejores fotos de su viaje, mejor orientación y amplias recomendaciones para el viaje dentro y fuera de las ciudades, algunos recorren el mundo en motocicletas o bicicletas, aunque a veces prefieren alquilarlas en las ciudades que las ofrecen para así mantener ligera la carga. Según la Organización Mundial de Turismo (OMT) y la Confederación Mundial sobre Viajes de Jóvenes y Estudiantes (WYSE) del total de las llegadas de visitantes internacionales, el turismo joven representa un 20%. Otro dato interesante es que las nuevas tendencias de Flashpacking están captando a segmentos de edades entre 30 y 60 años, lo cual nos lleva a pensar que el turismo mochilero no sólo atrae a los jóvenes sino también a los más maduros.

Pensando en Venezuela y el turismo por reconquistar luego que superemos la actual debacle, creo que el turismo de mochilas, tanto interno como internacional, nos va a ayudar mucho y por lo tanto habrá que promoverlo abiertamente. Luego que Venezuela vuelva a la normalidad en materia económica, social y política, tendremos que relanzar la actividad turística, que seguro será la que mayor número de empresas y empleos nos permitirá crear, sobre todo empresas pequeñas familiares que se dediquen a captar el turismo interno el cual al principio estará muy desvalido debido a la ruina económica de la clase media y la obrera causada por la severa inflación y devaluación, pero poco a poco esto se irá recuperando y en ese proceso hay que promover el turismo popular, el estudiantil y el mochilero, modalidades que nos ayudarán a llenar muchos establecimientos turísticos menores ubicados en pueblos, playas, ríos, selvas y montañas, y a potenciar la demanda de otros sectores productivos que alimentan al turismo.

La idea puede parecer descabellada, pero ¿A quienes creen que será más fácil captar en las épocas de baja temporada?; además, para que recuperemos el turismo de hoteles 3,4 y 5 estrellas tenemos que hacer un gran trabajo con los temas de calidad de servicio, que se nos han venido abajo, así como el mantenimiento de las instalaciones, que por falta de divisas también está en condiciones no óptimas, y por encima de todo, recuperar los servicios públicos tales como electricidad, suministro de agua potable, sanidad y comunicaciones, garantizando su prestación ininterrumpida. Mientras tanto, será mucho más fácil lidiar con el turismo mochilero que no anda en la onda de alta calidad de los servicios, aunque si en los temas de sostenibilidad ambiental y socio- cultural.

Podríamos lanzar una gran campaña para incentivar a la juventud venezolana hacia esta tendencia, e imaginen cuantos miles de alemanes, canadienses, italianos, suecos, noruegos, franceses y europeos del este podríamos captar organizando y promoviendo un turismo para mochileros.

Willian J. Bracho

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