Con un discurso que evoca lo civil y la certera gestión cultural, se inauguró la cuarta edición de la Feria Internacional del Libro del Caribe

Por HUMBERTO SÁNCHEZ AMAYA/MARGARITA | Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. | @HUMBERTOSANCHEZ

“Qué bonito. Se me erizó la piel”, dice Raquel Martínez, una de las primeras en tomar un puesto en la sala Ana Enriqueta Terán, donde se llevó a cabo la inauguración de la cuarta edición de la Feria Internacional del Libro del Caribe, en el centro de convenciones Sambil Margarita.

La reacción de Martínez ocurre justo después de que la rectora de la Universidad de Margarita, Antonieta Rosales de Oxford, citó a Francisco Suniaga, quien cuando fue pregonero en 2015 –en la primera edición de la feria– afirmó: “A pesar de las dificultades, a pesar del asedio a su puerto libre y a su industria turística, Margarita brilla y, cuando llegue la primavera que inexorablemente ha de venir, nuestra isla, junto con toda Venezuela, se vestirá de flores”.

Es el primer día de una exhibición de libros, conversatorios y talleres que terminará el domingo. Los asistentes al acto inaugural se notan entusiasmados. Es un paréntesis en el día a día de un país que carcome. Asienten y aplauden las palabras de Antonio López Ortega, presidente de la comisión organizadora, cuando expresa: “Por eso me digo que nuestras ferias de hoy, empequeñecidas y escasas de novedades, no nos obliga a olvidarnos de lo que fuimos, sino de lo que podemos volver a ser cuando apenas tengamos un mínimo de medios y una dosis de sensatez en cuanto a políticas públicas. Todavía está fresca la escena que vivimos, la hazaña de lo que fuimos capaces, la certidumbre de lo que construimos juntos con tanto esmero”, en alusión al esplendor de sellos como Monte Ávila y la Biblioteca Ayacucho.

Los presentes también celebran las palabras del historiador Elías Pino Iturrieta, pregonero de la feria, cuando recuerda la importancia de voltear hacia el legado de civiles como José María Vargas, quien subrayó la importancia del trabajo, en el siglo XIX.

López Ortega reconoce un contexto apremiante para un sector golpeado por la crisis. Hay menos stands que en ediciones anteriores, como poco después lo reafirma Merynel García, asidua visitante. “Como siempre, está muy bien, aunque sí hacen falta editoriales que en otras oportunidades han estado. También veo poca gente. Claro, es el primer día y todavía falta, pero el año pasado la inauguración estaba a reventar. Hay que ver. Eso sí, a pesar de todo, encontré libros que jamás pensé que llegarían a Venezuela, como Los brujos de Chávez de David Placer, que acabo de comprar por 580.000 bolívares”, indica García, poco después de la hora de almuerzo y de también haber comprado Detox emocional de Silvia Olmedo por 540.000 bolívares. “Esos precios todavía son asequibles”, indica. Con ella está Mariana Quintero, que nunca había visto en anaqueles70 años de humor en Venezuela, compilado por Roberto Echeto. “Lo que pasa es que acá han cerrado librerías como Tecni Ciencia, Nacho y Discovery, por lo que no llegan muchas cosas. Esta es una ocasión para buscar libros”.

Como en toda feria, hay que caminar y escudriñar para encontrar los títulos y precios deseados. Por ejemplo, la edición especial de El pasajero de Truman de Francisco Suniaga está en uno de los puestos en 1.450.000 bolívares, pero unos metros más allá se encuentra la edición de bolsillo en 531.000 bolívares. En la feria está El laberinto de los espíritus de Carlos Ruiz Zafón, por lo que no son pocos los que preguntan por la gruesa edición en tapa dura de ese autor. Pero hasta ahí. Su costo es de 2.500.000 bolívares.

Clásicos como El principito, Romeo y Julieta y El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde eran comprados por 270.000, 550.000 y 450.000 bolívares, respectivamente, menos de lo que puede costar un combo de comida rápida en la feria del centro comercial Sambil. Hay también exhibidores que ofrecen obras a precios que varían entre 50.000 y 350.000 bolívares, algunos de ellos usados y en buen estado.

En el stand de la Fundación Polar hay un festín. Remataban la colección Geografía de Venezuela, de 9 tomos, en 37.339 bolívares. Sobre todo es comprada por padres para sus hijos. En ese puesto la mayoría de los títulos son educativos. “Sí, tiene bastantes libros educativos. Compré 16 libros y gasté 450.000 libros”, precisa el ingeniero en telecomunicaciones Alexis Debeer, acompañado por su familia, sobre su experiencia en el puesto de la fundación con fines educativos y divulgativos.

La rectora Rosales de Oxford considera que la Filcar es un paréntesis en la rutina margariteña, especialmente en estos tiempos, aunque lamenta que este año disminuyó el número de expositores debido a los costos, especialmente los de traslados. “De poco más de 40 editoriales que hemos tenido en el pasado, en esta oportunidad tenemos aproximadamente 26 sellos”.

Fuente: El Nacional

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