Aún recuerdo la gran promoción que tuvo por allá en el 2007 la inauguración del famoso mirador Skywalk sobre el Gran Cañón del Colorado, a unos 1.300 metros de altura sobre el cauce del rio. Dicho mirador fue construido en un área del Gran Cañón que se encuentra dentro de una reserva de los indios Hualpai y son ellos quienes administran esta atracción turística, como una forma de obtener ingresos y generar empleos para su etnia.

Desde entonces han sido muchos los miradores construidos a grandes alturas, con piso de vidrio que permita observar el gran vacío debajo y a la vez admirarse frente a la imponente vista que se tiene enfrente.

Pero no es el del Gran Cañón el único en Norte América, en Canadá hay uno en las montañas rocosas llamado el Glacier Skywalk, así como otros construidos en grandes rascacielos como el Skydeck en la Torre Sears en Chicago. En Europa hay varios, en los Alpes Austríacos y (https://www.derdachstein.at/en/dachstein-glacier-world/glacier-experience/suspension-bridge) Alpes Franceses, Alpes Suizos, en el Peñón de Gibraltar, en la Gomera en las Islas Canarias, por mencionar algunos.

Glacier Skywalk

Sin duda los miradores que mayor fama han alcanzado gracias a las redes sociales y divertidos videos subidos en youtube, donde personas presas del pánico son arrastradas literalmente al vacío solo protegidos por un piso de cristal, son los construidos en China. 

El precio para acceder a estos miradores promedia los $29, son altamente seguros y la gran mayoría de ellos han sido construidos en parques nacionales o áreas de especial interés turístico, lo cual indica que con seguridad se han cuidado todos los parámetros de impacto medioambiental, a la vez de que se le brinda al usuario una experiencia totalmente distinta a la visita habitual a un parque nacional.

En nuestro país abundan lugares donde desarrollar proyectos similares, y aunque puedan tildarme de soñador, creo que el aparente ocaso que finalmente se cierne sobre la revolución hace de éste el momento propicio para realizar el ejercicio mental de que podemos ofrecer a nivel turístico, más allá del consabido sol y playa, dado que en la nueva Venezuela el turismo debe y tiene que ser pieza fundamental en la reconstrucción del país.

Por ejemplo, al recién reinaugurado Hotel Humboldt se le pudiese construir al lado, en el área que da hacia la Silla de Caracas y donde inicia el camino a Lagunazo, un mirador en forma de ‘8’ con una pasarela que dé hacia Caracas y el vacío que desprende desde el extremo oriental de El Ávila, mientras que la otra pasarela tendría vistas hacia Galipán y el Mar Caribe. De forma similar pudiera complementarse la visita al Pico Espejo, en Mérida con un mirador que se asome hacia las lagunas de los Anteojos las cuales son visibles desde la cabina que cubre el último tramo del teleférico, o tal vez construirlo donde está la estatua de la Virgen de Las Nieves y tener vista hacia el precipicio en cuyo fondo estuvo el Glaciar de Timoncitos y tener inmejorable vita del Pico Bolívar en primer plano y los picos Humboldt y Bonpland al fondo. Pero podemos llevar la imaginación aún más allá, ¿sería viable construir un mirador similar en la cumbre del Auyantepuy y tener el privilegio de observar la catarata más alta del mundo debajo de nuestros pies? La tecnología existe, la voluntad… bueno, eso es otro tema.

Alberto Aristeguieta

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