El país vuelve a amanecer con la acostumbrada resaca electoral, sin ningún tipo de alegría o esperanza, pues durante la campaña, no hubo promesas de mejoras o cambios y ni siquiera las acostumbradas fantásticas promesas de cosas mejores por venir.

Fue una campaña propia y ajustada a la expectativa que tenía todo el país sobre el único resultado posible.

Sin un cambio en el rumbo económico del país, sin incentivos para la inversión privada de venezolanos y extranjeros, con más controles e imposiciones de todo tipo, no hay casi nada bueno que esperar, pues sin medidas importantes para el mejoramiento de la conectividad aérea, el mejoramiento de las estructuras, el aumento de la ocupación y la subsecuente generación de empleo y mejoramiento de la calidad de vida de la población, no podrá haber más prosperidad para los ciudadanos.

Ojalá el gobierno tenga un plan de acción que hasta ahora ignoramos y que Venezuela pueda comenzar pronto su recuperación económica.

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