Al menos eso reza el refranero popular y la final de la Copa Libertadores, parece confirmarlo.

El partido de ida tuvo que ser suspendido por un fuerte temporal que inundó el campo de juego haciendo imposible la celebración del partido. Este debió disputarse una semana más tarde. El resultado fue Boca Juniors 2 – River Plate 2, lo que convertía al partido de vuelta en una auténtica final. El ganador se lo llevaría todo.

El esperado día se vio empañado por los fuertes disturbios entre las hinchadas de ambos equipos. Las agresiones al autobús del Boca Juniors, jugadores lesionados, arrestos y daños a la propiedad obligaron a la suspensión del segundo partido.

Conmebol y los clubes acordaron que la final se jugaría en un campo neutral para garantizar la seguridad de los jugadores y surgió el Santiago Bernabéu como opción. Si, la final de la Copa Libertadores de América paradójicamente se jugaría el 9 de diciembre, en la capital del país del cual se habían liberado. Más de 10.000 km separan a Buenos Aires de Madrid, pero ello no fue impedimento para que se confirmara a la capital española como sede de esta accidentada final.

 

Desde el punto de vista económico fue una decisión brillante. Para España y la ciudad de Madrid significaron ingresos directos por €42 millones ($47,7 millones), más €50 millones ($56,8 millones) en ingresos indirectos.

4.000 efectivos policiales debieron ser movilizados para garantizar la seguridad durante el partido, fuertes medidas para separar a los fanáticos fueron implementadas, llegaría por accesos distintos en horarios diferentes para evitar los enfrentamientos. El dispositivo de seguridad significó para el ayuntamiento madrileño un desembolso de €650 mil ($740 mil) una cifra irrisoria comparada con los ingresos percibidos.

La ocupación hotelera subió un 10% en promedio en toda la ciudad, a pesar que las tarifas también subieron una media de 15% con motivo del evento.

De este lado del Atlántico también hubo beneficios, pues en tiempo record los operadores de turismo estructuraron paquetes que incluían boleto aéreo, alojamiento por 3 o 4 noches, desayunos, traslados, entradas para el partido, tours por la ciudad, etc. contrataron vuelos charters además de los vuelos regulares los cuales se llenaron en cuestión de horas.

En resumidas cuentas, lo que fue la final más accidentada en la historia del torneo, terminó convirtiéndose en una fiesta del deporte y un éxito económico y turístico. Ganó River Plate, pero también ganó el deporte y sobre todo, ganó el turismo!

Alberto Aristeguieta

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