Venezuela pide a gritos organización, inversión, trabajo y emprendimiento, y esto sólo podrá ser posible si todos los actores legítimos están conscientes de la necesidad de cooperar en vez de entorpecer o entrabar los planes y proyectos que son necesarios para el desarrollo del país.

Tenemos un sistema legal con demasiadas leyes muchas de ellas con varias ediciones en los últimos veinte años, el Poder Ejecutivo, en sus tres niveles, nacional, estadal y municipal, duplica muchas de sus atribuciones y en vez de complementarse compiten cuando los colores políticos son distintos, causando un desperdicio de esfuerzos y pocos logros en beneficio de la región o municipio. Las gobernaciones de estado viven del situado constitucional ya que son pocos los ingresos propios que les autoriza la ley; por su parte, los municipios también dependen del situado constitucional, aunque en menor proporción aquellos que por su localización o características especiales producen ingresos propios suficientes provenientes de los impuestos tasas y contribuciones que le autoriza la constitución y ley en base a su autonomía. 

Dada la dilatada práctica de gobernar por decreto, producto de las leyes que han dado poderes extraordinarios a los presidentes de la república para emitir decretos con fuerza de ley, en las últimas dos décadas han sido aprobadas mas leyes por esa vía que por la normal legislativa, trayendo como consecuencia que muchos de esos textos legales se elaboren y aprueben solo en beneficio de la hegemonía del poder central y en el consecuente debilitamiento de los estados y municipios, quienes cada día dependen mas de las dádivas del gobierno central o de los entes descentralizados que este ha creado, quienes actúan casi como gobiernos paralelos especialmente en los territorios de oposición. De este modo, todo depende del gobierno central, por lo que las iniciativas locales o regionales son de difícil instrumentación si no las aprueba el ejecutivo nacional.

El sector turismo no escapa de la situación antes planteada, la cual será necesario revisar a fondo si buscamos que nuestros municipios y regiones con vocación o potencial turístico puedan desarrollarse en base a esta actividad. Muchos municipios con vocación o potencial turístico no tienen los recursos ni la capacidad técnica para desarrollar sus Planes de Desarrollo Urbano Local (PDUL), ni menos para un Plan de Desarrollo Turístico Sostenible, y es allí donde tanto el poder central (MINTUR) como el regional (Gobernación de estado) deben ayudar con recursos materiales y profesionales, para lograr que se estructuren los planes turísticos locales.

La planificación del turismo sostenible debe ser siempre holística, por tanto, es de suma importancia que la misma siempre esté en sintonía con los temas ambientales, urbanísticos, sanitarios y educativos, entre otros, por lo que los equipos ad-hoc tienen que ser multidisciplinarios y con una estrecha coordinación con los entes públicos que por ley poseen atribuciones en cada tema. En lo relativo a los temas de promoción y capacitación, el denominado Instituto Nacional de Turismo (INATUR) debe jugar un papel preponderante apoyando a los municipios y gobernaciones, así como al sector privado, quien es el que aporta los recursos que permiten la existencia de dicho instituto. Quizás será necesario repensar la organización y objetivos de MINTUR-INATUR de manera que su acción regional y municipal sea más efectiva, en especial, evitar que los recursos provenientes de la contribución especial del 1% de todas las actividades turísticas privadas, se desvíen hacia fines políticos proselitistas, u otros fines que no sean los contemplados en la ley.

Detrás del deseado desarrollo turístico regional y local existen grandes objetivos nacionales antes mencionados: sostenibilidad, inversión, trabajo y emprendimiento, los cuales coadyuvaran al establecimiento de un equilibrio entre la inversión, el ambiente y las comunidades; a la creación de cadenas de producción y valor, a reducir la pobreza, a desestimular la migración de la juventud, y a generar ingresos para los municipios y gobernaciones, que a su vez se reviertan en bienestar para sus habitantes. El sector privado turístico será inequívocamente el gran aliado y contraparte de ese desarrollo.

El turismo se ha convertido en una verdadera estrategia para un desarrollo equilibrado y sostenible ya que redistribuye el ingreso, y genera empleos y bienestar como ninguna otra actividad, además, crea un extraordinario efecto multiplicador en la economía, y en aquellos destinos que reciben visitantes internacionales también produce divisas. Los Estados que han entendido la importancia del aprovechamiento turístico hoy exhiben extraordinarias cifras de visitantes extranjeros y de turismo interno.

Venezuela tiene excelente potencial para desarrollarse turísticamente y recibir hasta 5 millones de visitantes extranjeros para 2025, todo esto con el apoyo de la inversión extranjera, la conversión de deuda en inversión turística, el emprendimiento local y la estrecha cooperación entre el sector público y el sector privado.

Willian J. Bracho, MSc.

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