No habrá desarrollo si no logramos reinstaurar la institucionalidad, los valores y el funcionamiento básico de los servicios públicos, por ahora, pensar en ser un destino turístico internacional es una utopía ya que pasamos a ser un país en miseria económica y social que requiere de un cambio radical en su conducción para poder recuperarse del caos que reina a lo largo de nuestra geografía.

Nuestras industrias básicas, incluyendo la petrolera están colapsadas, y ya no producen ni los ingresos, ni los puestos de trabajo que otrora ayudaban a soportar la economía nacional. Para renacer, Venezuela necesita además una multimillonaria inversión en moneda dura, porque el bolívar soberano no vale nada, esa inversión necesita venir acompañada de proyectos de reconstrucción de todo el aparato productivo y de serios programas de reconducción social que combatan la pobreza extrema, y que ayuden a recuperar el tejido social de los venezolanos retomando los valores que deben apuntalar a una sociedad humana normal y justa.

El trabajo por hacer es complejo y las nuevas generaciones, sobre todo aquellas que crecieron y maduraron en los últimos veinte años, tienen una gran responsabilidad en la motorización de la nueva nación. Será necesario un pacto político y un apoyo de los organismos financieros internacionales que permita desarrollar los proyectos de reconstrucción es un escenario de 5-10 años, ya que es poco probable que estos se puedan ejecutar en un período menor, por lo que se requerirá la continuidad de las políticas públicas y proyectos para lograr los objetivos propuestos. Durante los primeros años quizás se pueda mejorar la seguridad, la infraestructura vial, estabilizar la prestación de los servicios públicos incluido el transporte aéreo, marítimo y terrestre, y recuperar los principales destinos turísticos con miras a abrirnos nuevamente a un turismo interno e internacional receptivo.

Dado que el monto de la deuda externa pudiera alcanzar unos valores extremadamente difíciles de manejar para las finanzas públicas (US$ 300 ó 350 mil millones), creo que será muy importante manejar un programa de conversión de deuda en inversión que además de motivar a inversionistas extranjeros a comprar deuda para invertir en Venezuela con ciertos beneficios financieros, fiscales y cambiarios, también represente la materialización de proyectos productivos que generen trabajo, emprendimiento colateral, y otros beneficios a las comunidades y municipios. Entre estos seguro que estarán una buena cantidad de proyectos turísticos (Hoteles, líneas aéreas, empresas de Ferrys, parques de atracciones, etc.) y de infraestructura del transporte (Aeropuertos, Puertos, Ferrocarriles, etc.)

Afortunadamente el sector turístico venezolano está organizado y cohesionado, y por años ha propiciado la discusión de los problemas que afectan al sector y los proyectos de solución para dichos problemas, lo que en la práctica representa la existencia de importantes documentos sobre lo que es necesario hacer para salir adelante y desarrollarnos turísticamente.

El Destino Turístico que se construirá con la nueva Venezuela, deberá apuntalarse en la sostenibilidad de la actividad, en una calidad de servicio superior a la promedio en nuestra área geográfica, en la seguridad en los destinos turísticos y en una excelente relación Producto - Precio. Dios premie a Venezuela con una nueva era de prosperidad económica y social.

Willian J. Bracho, MSc.

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