Pensando en la Venezuela del mañana, la de un país que recupera su crecimiento y prosperidad, quiero comentar sobre las inmensas ventajas que tendríamos si identificamos proyectos de infraestructura que puedan ser dados en concesión a consorcios internacionales interesados, buscando que sean totalmente desarrollados y posteriormente operados por estos, por una período de 50 años, renovable, de manera que puedan recuperar su inversión.

Dentro de los mismos podrían estar por ejemplo la red de ferrocarriles del país, la cual podría ser concesionada por sectores (Oriente, Occidente, Centro, etc.), y así en 5 ó 10 años podríamos tener una red de transporte terrestre de pasajeros y carga en apoyo al turismo y al comercio venezolano, lo cual conllevaría el surgimiento de mucho emprendimiento y empleo a lo largo y ancho del país.

Otro sector que puede ser desarrollado es el energético, donde se otorguen concesiones para la producción de energía solar, y se rescaten los proyectos de gas y petróleo bajo esta modalidad, donde el Estado no tiene que aportar recursos. Como ejemplos, ese puerto de aguas profundas que por décadas se ha previsto como necesario para el estado Zulia, o el segundo puente sobre el lago de Maracaibo, ambos pueden ser dados en concesión y operación.

En Vargas, los espacios que correspondieron a los hoteles Sheraton y Meliá, donde hoy solo hay ruinas, también pueden ser concesionados, al igual que el teleférico del litoral, el ferrocarril Caracas – Vargas, y hasta la Autopista Marítima del Caribe, propuesta esta que permitiría conectar Puerto Cabello, La Guaira, Carenero, Puerto La Cruz, Cumaná y Margarita, a través de Ferrys que operen bajo nuevos y modernos terminales en cada uno de esos puertos.

La lista de ideas y proyectos puede ampliarse a sabiendas que los inversionistas extranjeros solo van a interesarse en aquellos cuyo plan de negocios sea factible, ya que lo que ambas partes deben procurar es que los mismos sean integralmente sostenibles. Otro aspecto íntimamente vinculado con el tema planteado es la posibilidad de conversión de deuda pública en inversión, ya que de esta forma el país vería disminuida sustancialmente la misma mientras a cambio recibiría importantes obras de infraestructura que generarán inversión, millares de empleo, tributos y emprendimiento.

Por supuesto, todo lo que aquí se propone, que no es nada nuevo, pero si muy importante para recuperación económica del país, tiene que ser hecho con seriedad y transparencia, ya que no se pueden repetir la experiencias del pasado donde concesionamos autopistas, minas, y otros sectores, y luego el Estado resolvió unilateralmente las mismas, resultando todo en demandas internacionales a Venezuela, la mayoría de las cuales perdimos teniendo en consecuencia que pagar altas indemnizaciones a los inversionistas extranjeros demandantes.

La nueva Venezuela tiene que estar llena de honestidad, profesionalismo, integridad, estabilidad política, económica y social, y para ello hay que trabajar muy duro. Todos están invitados.

Willian J. Bracho, MSc.

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