A diario el avión de LAV se hacía presente en las más remotas poblaciones y comunidades del Estado Bolívar. Era un rato de fiesta, alegría y euforia. 

 

El “Vuelo 400”

Desde el antiguo aeropuerto de Ciudad Bolívar, base secundaria de LAV desde finales de los años cuarenta, religiosamente, cada día a las 05.15 despegaba el C47, que convertido en DC3 significaba la supervivencia de remotos poblados y dispersas comunidades en el extenso territorio del Estado Bolívar.

El “Vuelo 400”, apertrechado con 600 galones de combustible, bautizado como “El Sabanero”, visitaba: San Felix, Upata, El Dorado, Tumeremo, Guasipati, Kavanayén, Urimán, Icabarú y Santa Elena de Uairén; ocasionalmente se desviaba a Canaima, Kamarata, al Apoguao o La Paragua; cuando requerido a solicitud o por emergencia reportada a través de los eficientes servicios de telecomunicaciones que LAV tenía ubicados en los más remotos lugares.

Tripulaciones que se reemplazan semanalmente, servicios de mantenimiento, mecánicos apostados en el aeropuerto bolivarense, técnicos y operadores de radio y planta que recorrían frecuentemente la ruta, permitían la eficiencia de esta operación, gracias a la cual se inicia el desarrollo de este maravilloso estado del sur venezolano.

Pascual Monasterio, operador de radio, tiene su primera incursión a “la sabana” en el Douglas YV-AMF, conocido como el “A-EME-FACUNDO”; fue por el año 55, cuando disfrutó, desde los 8.000 pies de altura, del paisaje que ofrecen los tepuyes, cañones e impresionantes formaciones que hacen del sur venezolano un mundo perdido pero maravilloso en la visión y en el recuerdo. Piloteaba el Cap. Alois Gutiérrez, y su copiloto Juan Vicente Altuna, quien llegó a altas posiciones gerenciales en la vieja LAV.

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