Hacía poco que el avión había llegado a Venezuela. Reconfortada y orgullosa, la empresa con su primer jet, lo asignó a las rutas más congestionadas de su amplio itinerario, destacando Maracaibo, que por esos días apresuraba la construcción del aeropuerto de Caujarito que sería bautizado como “La Chinita”, dominando el espectro de las rutas domésticas en el país. El Triple Alfa, matrícula oficial del famoso “Bebé Querido”, primer DC9 en operar las rutas nacionales de Aeropostal se desplazaba con donaire y elegancia cubriendo también Porlamar y Puerto Ordaz, efectivo medio para satisfacer la demanda de tráfico.

La mañana del martes 11 de febrero de 1969, el acucioso comandante Bladimiro Fernández, con voz firme pero en tono preocupado, en cortas, precisas y seleccionadas palabras, comunicaba en la frecuencia de radio de la compañía, la condición de “interferencia ilícita” que, para sorpresa de las decenas de estaciones que permanecían en sintonía, significaba sencillamente lo que segundos después se regaría por toda Venezuela: “El Bebé Querido ha sido secuestrado”.

Cuba era refugio de piratas que pululaban y amenazaban la región. Con destino a ese santuario del terrorismo comunista fue desviado en su obligado desplazamiento el Triple Alfa, originando desconcierto y angustia de los 68 pasajeros que transportaba, de su copiloto Carlos Arzola y del preocupado conglomerado nacional, extendiéndose como infausta noticia en todas las instancias internacionales.

Fue la oficina en Curazao, atendida por Pascual Monasterio, lugar donde se instaló el presidente de LAV, a efectuar contactos con la desconectada isla de Cuba, ya que Venezuela no mantenía relaciones con esa isla, incluyendo las comunicaciones. El interés fundamental era la seguridad e integridad de los pasajeros, quienes unos días después fueron transportados a nuestro país en vuelo fletado a ALM, luego del complicado proceso.

Fue un domingo de ese turbulento mes, cuando fue notificado por el ATC Curazao, la aproximación del YV-C-AAA, que regresaba procedente de La Habana. Luego de una expectante escala, atendida por mecánicos de la empresa, continuó a Maiquetía para reincorporarse al servicio turístico y comercial venezolano.

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