Y no quiero decir con esto que ya fuese superado, al contrario, el título solo busca indicar que no es algo que sucederá en un futuro, sino que ya dio su comienzo y ahora empezamos a sufrir sus consecuencias. 

La mayor parte de los países de la Europa occidental han sufrido una ola de calor en la última semana de junio. En muchos lugares de España se superaron los 40 grados, en Alemania, los termómetros llegaron a los 36 grados -29 en Berlín-. El Servicio Meteorológico Alemán (DWD) llegó a emitir alertas por calor extremo en 11 de los 18 estados federales.

Recientemente los medios internacionales recogieron las imágenes de una Angela Merkel temblorosa durante un acto oficial. Se especuló que sufriese de Mal de Parkinson, pero el comunicado oficial lo achaco a una deshidratación producto de las altas temperaturas.

En París se registraron máximas de 38 grados, y en el departamento de Gard , al sur de Francia, se alcanzó el récord de 45,9 ºC, superando el record del de 2003, cuando se registraron 44,1 en la localidad de Conqueyrac . Se trata de un fenómeno que ocurre con una frecuencia diez veces mayor que hace cien años, según un informe elaborado por la organización World Weather Attribution. El estudio destaca, además, que la temperatura es cuatro grados más alta que en el mismo periodo.

Los investigadores que han participado en el estudio reconocen que, aunque aún es muy pronto para contrastar toda la información, las olas de calor actualmente se dan cada vez con más frecuencia.

En Suiza se registraron nuevos récords en 40 estaciones, y seis nuevos récords en seis estaciones de montaña. También en Austria y Holanda todo el mes de junio fue el más cálido jamás registrado.

En Groenlandia, en cuestión de días una enorme cantidad de su hielo perenne desapareció dadas las altas temperaturas.

Hace un año por estas fecha, escribí un artículo el cual analizaba como el aumento en las temperaturas había ocasionado un descenso en el número de turistas que recibía España provenientes del norte de Europa, ya que en sus países habían temperaturas tan cálidas como las del verano español. Un año más tarde las cifras de turistas que visitan España en el verano han vuelto a descender, pero este año tenemos un agravante en toda Europa, el riesgo de muerte que implican estas altas temperaturas, los golpes de calor y los bruscos cambios climáticos como el ocurrido en Grecia a principios de Julio, cuando una inesperada tormenta de granizo con tornados y trombas marinas, ocasionó la muerte de ocho turistas, incluido un niño de dos años y su padre.

Creo que ya no se trata de mejorar las cifras turísticas, se trata de salvar el planeta, el único que tenemos.

Alberto Aristeguieta

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