Los parques nacionales constituyen uno de los elementos más importantes para la promoción y desarrollo de la actividad turística, en especial cuando estos contienen recursos y monumentos naturales considerados extraordinarios o únicos, que ameritan una celosa preservación por parte del Estado, comunidades subyacentes y visitantes.

En Venezuela los parques nacionales de los estados Bolívar y Amazonas se encuentran bajo la tortura y depredación permanente de la minería, la cual, bajo el manto oficial del programa “Arco del Orinoco” desforesta la selva, contamina ríos y suelos, extermina o ahuyenta las especies animales que poseen allí su hábitat natural, y desplaza forzosamente a las comunidades aborígenes que han permanecido allí por siglos.

La anarquía parece ser la norma que rige el día a día de estas zonas geográficas que albergan los más extensos parques naturales del país: el Parque Nacional Parima-Tapirapeco (Edo. Amazonas), con 39.000 km² y el Parque Nacional Canaima (Edo. Bolívar), con 30.000 km², además de otros de menor superficie como el Jaua-Sarisariñama (Edo. Bolívar); y los parques La Neblina, Cerro Yapacana y Duida-Marahuaca (Edo. Amazonas); debido a esta situación mineros venezolanos y extranjeros, funcionarios gubernamentales, y caravanas de vehículos comerciales y rústicos se adentran en el territorio de los parques nacionales dejando su traza en las profundas heridas causadas a la tierra, cambiando el color de las prístinas aguas de sus ríos, y abriendo trochas por doquier, que puedan conllevar a nuevos parajes para explotación a cielo abierto, o simplemente para cumplir el objetivo de una jornada recreacional.

Ante este panorama tan destructivo, ¿Que podemos hacer de cara a futuro?

Debemos imitar a aquellos países con grandes y positivas experiencias en el manejo de parques nacionales, basados en una reglamentación y una práctica soportada por un presupuesto acorde para lograr cumplir y mantener los objetivos propuestos, que por supuesto deben incluir: el ordenamiento, la conservación, la investigación, la vigilancia, el manejo los espacios, y la educación y concientización de sus pobladores y visitantes.

Dado que el programa gubernamental conocido como “Arco del Orinoco” es una seria amenaza para los parques nacionales afectados, el mismo debería eliminarse, o al menos ser restringido a áreas no sensibles fuera del perímetro de los parques nacionales.

En los parques nacionales habitados por comunidades aborígenes, estas deben ser incorporadas en los planes de manejo, conservación y vigilancia.

En cuanto al ordenamiento interno, es necesario construir senderos para la circulación, observación de la naturaleza y disfrute de los visitantes; las vías de penetración a los parques, su longitud, así como la circulación con vehículos a motor, deben estar perfectamente definidas, buscando que dichos vehículos no puedan circular al libre albedrío de sus conductores y que sólo puedan llegar hasta las diferentes Áreas de Refugio, estructuras que será necesario construir para que sirvan de núcleos receptores con estacionamientos, zonas para carpas, para recreación, cocina y picnic, baños públicos, centro de información para visitantes, primeros auxilios y puesto de guardaparques.

Será muy importante que se provean las medidas necesarias para evitar que los vehículos que circulen dentro de los parques nacionales no contaminen el ambiente con gases y ruido. Más allá de las áreas de refugio, los visitantes sólo podrán hacer senderismo por las rutas demarcadas o propuestas, a pie, a caballo, en mula o con bicicletas, y preferentemente en grupos acompañados de un guía local.

La energía utilizada en las áreas de refugio deberá ser limpia, es decir, solar, eólica o hidráulica. Cada área de refugio debe contar con un centro de clasificación y reciclaje de la basura, y un sistema para el tratamiento de las aguas negras que produzcan los baños.

Se debe educar y concientizar a los visitantes que deseen visitar los parques nacionales de manera que estos eviten llevar botellas u otros recipientes plásticos desechables los cuales no se pueden reciclar fácilmente.

Debe incentivarse a los institutos educativos para que organicen, en coordinación con el Instituto Nacional de Parques, visitas con fines académicos de manera de crear conciencia sobre las bondades, variedad natural y la fragilidad de los parques nacionales.

Todo lo anteriormente expresado requiere de un presupuesto adecuado para el ente ejecutor, y conociendo las carencias presupuestarias con las que tendrá que lidiar Venezuela en los próximos años, quizás se necesitará un programa de ayuda de organismos internacionales tales como la Corporación Andina de Fomento (CAF); Banco Interamericano de Desarrollo (BID), o la Unión Europea.

Las selvas y bosques localizados en los estados Bolívar y Amazonas, amparados bajo la figura de parques nacionales, refugio de fauna, y otras previstas en la Ley y sus Reglamentos, forman parte de la llamada Amazonía de Suramérica, y, a través del Tratado de Cooperación Amazónica suscrito por Brasil, Bolivia, Ecuador, Perú, Colombia, Surinam, Guyana y Venezuela en 1978, existe el compromiso con la comunidad internacional de protegerla.

Recordemos que la Organización de las Naciones Unidas y sus diferentes agencias pro-conservación del ambiente, predican que el desarrollo sostenible debe satisfacer las necesidades de la generación presente, sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades.

Willian J. Bracho Rojas, Abogado,

Esp. en Derecho de la Navegación, MSc Gestión del Turismo Sostenible

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