No hay nada peor para el turismo que la inestabilidad social e inseguridad. Un destino puede ser costoso o tener mal servicio, pero aun así habrá un segmento del mercado dispuesto a visitarlo. Lo que no resiste el turismo es la inestabilidad social que hemos presenciado actualmente en Barcelona, hace unas semanas en Ecuador y más recientemente en Chile. 

Para hablar del impacto de nuestros vecinos latinoamericanos aún es temprano, donde sí se empiezan a ver las consecuencias es en Barcelona. La ciudad Condal aún no había recuperado las cifras de visitantes anteriores al referéndum unilateral celebrado hace dos años, cuando una ola de protestas provocada desde los sectores más radicales ha dejado a la ciudad totalmente irreconocible.

Es muy lamentable, por ejemplo, escuchar a turistas quejarse por no haber podido visitar la Sagrada Familia, el monumento más visitado en España después de la Alhambra de Granada, luego de haber adquirido su entrada con más de seis meses de antelación para sus vacaciones planificada desde hace mucho tiempo. Esto no es reparable, las pérdidas en el comercio, restaurantes, hoteles aún no se ha cuantificado, pero el daño en el ánimo de los turistas que fueron sorprendidos en Barcelona por estas protestas es evidente.

En el año 2017 cuando el referéndum unilateral, más de 7000 empresas abandonaron Cataluña. Grandes eventos que tiene a Barcelona como sede recurrente manifestaron su preocupación, como el congreso mundial de telefonía celular el cual advirtió que mudarían su evento de sede de continuar la inestabilidad social y política en la ciudad, un evento que atrae a más de 105 mil personas, llena todos los hoteles de la ciudad y cercanías, genera más de 15 mil empleos temporales e ingresos por más de €500 millones a las arcas municipales.

La tercera semana de noviembre de cada año se celebra IBTM, la exposición más grande para el mercado del turismo de eventos (MICE). Aún no sabemos qué consecuencias pueda tener en el número de asistentes y participantes las manifestaciones y destrozos causados. Lo único que podemos asegurar es que de seguir las cosas como van, Barcelona pronto podría dejar de ser el destino apetecible no solo para el turista convencional, sino también para el turismo de cruceros y convenciones, segmentos en los cuales la ciudad ocupa el primer lugar en Europa.

La sindéresis y la sensatez parecen haber sido erradicadas para dar paso al más violento de los radicalismos a ambos lados del Atlántico. Todos perderemos, incluso aquellos que ahora causan destrozos.

Alberto Aristeguieta

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