La historia recoge como cierto que Enrique de Borbón, de religión protestante y aspirante a la corona de Francia, al momento de convertirse al catolicismo para poder ser coronado rey exclamó “París bien vale una misa’. Si bien es cierto que no hay registro histórico de este hecho, si es seguro que ese fuese el pensar de Enrique IV de Francia (como se le conoció luego de ser coronado).

La célebre frase ha llegado hasta nuestros días con el sentido de la conveniencia de establecer prioridades: es útil renunciar a algo, aunque sea aparentemente muy valioso, para obtener lo que realmente se desea.

Sin embargo, la ciudad de Barcelona nos ofrece experimentar dicha frase de una manera mucho más literal.

La Basílica de La Sagrada Familia, obra cumbre del arquitecto Antonio Gaudí, y segundo monumento más visitado en España después de la Alhambra de Granada, tiene tarifas de entrada que van desde los €15 hasta €29, dependiendo del paquete y tipo de visita que se escoja. La reserva y pago debe hacerse con varios días de antelación a través de su página web www.sagradafamilia.org , no obstante, hay una manera de lograr ingresar completamente gratis. Lógicamente esta fórmula no es muy conocida y apenas es mencionada muy discretamente en la página web oficial. Pocos portales turísticos de la ciudad lo reflejan y casi ningún turista conoce la vía gratuita de acceder a esta obra maestra de la arquitectura mundial.

El caso es que todos los domingos a las 9:00 am se celebra la eucaristía en la Basílica y al ser un servicio religioso no tiene costo alguno. Para poder ingresar es necesario estar en la puerta entre las 8:00 y 8:30 de la mañana. No hay listas, ni reservas, ni entradas. Se permite el acceso a quienes deseen ingresar, pero dado que el aforo es limitado es recomendable llegar con suficiente antelación.

La liturgia es en latín, las lecturas y homilía en diversos idiomas, catalán, español, francés, inglés, italiano, entre otros. Un coro de niños acompañados por el órgano de la iglesia nos transporta a otros tiempos, al igual que la procesión de entrada de los sacerdotes y la ceremonia de la comunión.

A esta misa (única que se celebra en toda la semana) asisten no solo católicos, sino personas de diversas religiones y nacionalidades., pues independientemente de las creencias que cada quien profese, es una experiencia multisensorial que no debe dejarse pasar.

Finalizada la misa, los asistentes aprovechan para realizar las fotografías de rigor, admirar de cerca el altar mayor y los pasillos laterales, pues el impresionante techo y las columnas arbóreas han sido ya admiradas a lo largo de la hora de duración de la misa.

En su próxima visita a Barcelona, reserve la mañana del domingo para vivir una experiencia que muy pocos turistas conocen.

Alberto Aristeguieta

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